{"id":17006,"date":"2021-12-06T06:13:00","date_gmt":"2021-12-06T05:13:00","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=17006"},"modified":"2021-12-06T11:02:18","modified_gmt":"2021-12-06T10:02:18","slug":"asi-afrontaban-los-primeros-cristianos-las-pandemias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/asi-afrontaban-los-primeros-cristianos-las-pandemias\/","title":{"rendered":"Las pandemias, un cl\u00e1sico que viene de lejos"},"content":{"rendered":"<p>En el tercer a\u00f1o de la pandemia, cuando quiz\u00e1 podemos pararnos a reflexionar sobre cu\u00e1l deber\u00eda ser la espec\u00edfica contribuci\u00f3n cristiana a esta crisis, nos puede servir de maestra la historia, pues antes que nosotros, cuando los conocimientos m\u00e9dicos eran a\u00fan rudimentarios, ya hab\u00eda qui\u00e9n ten\u00eda una idea muy clara de c\u00f3mo aprovechar las ocasiones.<\/p>\n\n\n\n<p>En el a\u00f1o 165, una epidemia de viruela devast\u00f3 el imperio romano, incluido el propio emperador Marco Aurelio. Provocaban las pestes cifras alt\u00edsimas de mortalidad -hasta un tercio de la poblaci\u00f3n- pues aflig\u00edan a personas que nunca hab\u00edan pasado esas enfermedades. Los historiadores modernos se refieren a estas epidemias como una de las posibles causas de la decadencia de Roma, junto al descenso de la natalidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Un siglo despu\u00e9s, en el 251 lleg\u00f3 otra epidemia de sarampi\u00f3n, que afligi\u00f3 tanto las zonas rurales como las ciudades. En los picos de mayor difusi\u00f3n se cuenta que, s\u00f3lo en la ciudad de Roma, mor\u00edan 5000 personas al d\u00eda. De esta segunda epidemia, tenemos testimonios de la \u00e9poca, sobre todo de fuentes cristianas. Cipriano escribe desde Cartago en el 251 que \u201cmuchos de los nuestros tambi\u00e9n mueren de esta epidemia\u201d, y Dionisio -obispo de Alejandr\u00eda- escribe en su mensaje pascual que \u201cha ca\u00eddo sobre nosotros esta epidemia, m\u00e1s cruel que cualquier otra desgracia\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La medicina era rudimentaria e incapaz de ofrecer alg\u00fan tratamiento eficaz, lo que provocaba el abandono de los enfermos y el aislamiento por miedo al contagio. El mismo Galeno se refiere muy por encima a la primera de estas epidemias pues, una vez que consigui\u00f3 sobrevivir, escap\u00f3 de Roma y se refugi\u00f3 en una villa de campo, en el As\u00eda Menor.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, sin embargo, los Padres de la Iglesia se refieren a estas pestes en un modo sorprendentemente positivo, como un regalo para la purificaci\u00f3n y desarrollo de la causa cristiana, con reflexiones cargadas de esperanza y hasta de entusiasmo. En contraste con el abandono de los paganos a los enfermos, el amor al pr\u00f3jimo se llev\u00f3 a extremos de hero\u00edsmo, y esto determino un notable crecimiento del n\u00famero de cristianos y, sorprendentemente, un porcentaje de supervivencia mucho m\u00e1s elevado que entre la poblaci\u00f3n pagana.<\/p>\n\n\n\n<p>Este es el contexto de la carta del obispo de Cartago, Cipriano, en el 251: \u201cJunto a los injustos mueren tambi\u00e9n los justos, y esto no sucede para que pens\u00e9is que la muerte sea el destino com\u00fan de buenos y malos. Los justos son llamados al descanso eterno y los injustos arrastrados al suplicio (\u2026). Qu\u00e9 oportuno y necesario que esta epidemia, esta peste, que parece horrible y letal, pongan a prueba el sentido de justicia de cada uno, que examine los sentimientos del g\u00e9nero humano; este flagelo va a demostrar si de verdad los sanos se ponen al servicio de los enfermos, si los parientes aman a sus familiares como se debe, si los cabezas de familia tienen compasi\u00f3n de sus siervos enfermos, si los m\u00e9dicos no abandonan a sus enfermos\u2026. Y si esta circunstancia funesta no hubiese tra\u00eddo otra consecuencia, ya nos ha servido a nosotros cristianos y a los siervos de Dios por el hecho de empezar a desear ardientemente el martirio, al tiempo que se aprende a no tener miedo a la muerte. Para nosotros, estos eventos son ejercicios, no lutos: ofrecen al alma la corona de la firmeza y nos preparan a la victoria gracias al desprecio a la muerte. (\u2026) Nuestros hermanos han sido liberados del mundo gracias a la llamada del Se\u00f1or, pues sabemos que no los hemos perdido definitivamente, sino que han sido s\u00f3lo enviados por delante y nos preceden, como sucede a los que viajan o se embarcan. Estos queridos hermanos tienen que ser buscados con el pensamiento, no con el lamento (\u2026.). A los paganos, adem\u00e1s, no se les debe ofrecer una ocasi\u00f3n de merecida burla si lloramos como muertos y perdidos para siempre a aquellos que afirmamos que viven en Dios\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Unos a\u00f1os despu\u00e9s, Dionisio, obispo de Alejandr\u00eda, escribe en su carta pascual: \u201cla mayor parte de nuestros hermanos, sin ning\u00fan reparo por ellos mismos, en un exceso de caridad y de amor fraterno, uni\u00e9ndose os unos a los otros, visitaban sin preocupaci\u00f3n a los enfermos sirvi\u00e9ndoles de un modo maravilloso, los socorr\u00edan en Cristo y mor\u00edan alegremente con ellos. Contagiados de la enfermedad de los otros, atra\u00edan la enfermedad del pr\u00f3jimo y asum\u00edan con gozo los sufrimientos. Muchos, despu\u00e9s de haber cuidado y dado fuerzas a los dem\u00e1s, acababan muriendo ellos mismos. (\u2026) Los mejores entre los nuestros perdieron as\u00ed la vida: algunos presb\u00edteros, di\u00e1conos y laicos fueron justamente alabados, hasta el punto de que este tipo de muerte, fruto de grande piedad y fe valiente, no pareci\u00f3 para nada inferior al martirio\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cCompletamente opuesta -escribe Eusebio de Cesarea- era la conducta de los paganos: ellos alejaban a los que comenzaban a enfermar, evitaban las personas queridas, echaban a la calle a los moribundos, trataban como basura a los cad\u00e1veres sin sepultar, buscando escapar de la difusi\u00f3n y contagio de la muerte, que no era f\u00e1cil alejar a pesar de todas las precauciones\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>No exageraba sobre el contraste de la actitud de los cristianos, que no dejaban de acudir a los enfermos con riesgo de la propia vida. Un siglo despu\u00e9s, Juliano (el ap\u00f3stata) lanz\u00f3 una campa\u00f1a para instituir iniciativas de imitaci\u00f3n de la caridad cristiana. <\/p>\n\n\n\n<p>En una carta al sumo sacerdote (pagano) de Calata, se lamentaba el emperador del imparable crecimiento del cristianismo, debido a sus \u201ccualidades morales, aunque ficticias\u201d y a su \u201cbenevolencia con os extra\u00f1os y su cuidado de las tumbas de los muertos\u201d. En otra carta, escribe: \u201cpienso que cuando los pobres fueron olvidados y rechazados por nuestros sacerdotes, los imp\u00edos galileos lo vieron y decidieron dedicarse ellos\u201d. \u201cLos imp\u00edos galileos -a\u00f1ade- no ofrecen apoyo s\u00f3lo a sus pobres sino tambi\u00e9n a los nuestros; todos ven que nosotros no cuidamos de nuestra gente\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Juliano odiaba a los \u201cgalileos\u201d, pero reconoc\u00eda la eficacia de ese sorprendente estado de bienestar que hab\u00edan logrado llevando a la pr\u00e1ctica el mandamiento de la caridad cristiana. As\u00ed superaban el miedo al sufrimiento y a la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>El testimonio de los primeros cristianos, alentados por sus Pastores, nos sorprende y nos llena de admiraci\u00f3n. Y sobre todo, nos plantea la duda sobre si la primera reacci\u00f3n de personas de fe tendr\u00eda que ser siempre el miedo. Ellos no han inventado las epidemias; ellos han aportado un estilo nuevo de vida, capaz de sobrellevar con alegr\u00eda todas las dificultades humanas.<\/p>\n\n\n\n<p>(Basado en &nbsp;Rodney Stark,&nbsp;<em>Epidemics, Network ad the Rise of Christianity<\/em>, en&nbsp;<em>Semeia<\/em>, 56, 1992, pp 159-175).<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el tercer a\u00f1o de la pandemia, cuando quiz\u00e1 podemos pararnos a reflexionar sobre cu\u00e1l deber\u00eda ser la espec\u00edfica contribuci\u00f3n cristiana a esta crisis, nos puede servir de maestra la historia, pues antes que nosotros, cuando los conocimientos m\u00e9dicos eran a\u00fan rudimentarios, ya hab\u00eda qui\u00e9n ten\u00eda una idea muy clara de c\u00f3mo aprovechar las ocasiones. 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