{"id":16047,"date":"2021-10-20T06:00:00","date_gmt":"2021-10-20T05:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=16047"},"modified":"2021-10-04T11:27:12","modified_gmt":"2021-10-04T10:27:12","slug":"jean-mouroux-y-el-sentido-cristiano-del-hombre-1943","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/jean-mouroux-y-el-sentido-cristiano-del-hombre-1943\/","title":{"rendered":"Jean Mouroux y el Sentido cristiano del hombre (1943)"},"content":{"rendered":"\n<p>Jean Mouroux firm\u00f3 el pr\u00f3logo de este libro en Dijon, el 3 de octubre de 1943. Probablemente lo hizo en el seminario donde se form\u00f3, fue profesor muchos a\u00f1os (1928-1967) y muri\u00f3 (1973). Pr\u00e1cticamente su vida entera estuvo dedicada al seminario, salvo una licenciatura en letras de dos a\u00f1os en Lyon, que fueron para \u00e9l muy enriquecedores porque conoci\u00f3 a De Lubac y estableci\u00f3 una duradera relaci\u00f3n. De hecho, este libro, como otros suyos, fue publicado en la colecci\u00f3n <em>Th\u00e9ologie<\/em> (Aubier) que dirig\u00edan los jesuitas de Fourvi\u00e8re, con el n\u00famero 6. Fue traducido al castellano y reeditado por Palabra (Madrid 2001), edici\u00f3n que usamos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La fecha merece tambi\u00e9n atenci\u00f3n, porque en 1943 Francia estaba ocupada por las tropas alemanas y en plena guerra mundial. Pero Jean Mouroux, como De Lubac y otros, estaba convencido de que el remedio m\u00e1s profundo de aquella terrible crisis era la renovaci\u00f3n cristiana. Y eso le dio \u00e1nimo para trabajar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Una obra consistente<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>Desde su puesto de profesor de seminario de una ciudad \u201cde provincias\u201d (como se dice todav\u00eda en Par\u00eds), supo crear una obra consistente. Escogiendo bien las lecturas y procur\u00e1ndose lo mejor (tambi\u00e9n con el consejo de De Lubac), preparando muy bien las clases y escribiendo con estupendo estilo y una sorprendente capacidad de s\u00edntesis. En \u00e9l se combinaron un trabajo esforzado y perseverante, un indudable talento teol\u00f3gico, y tambi\u00e9n un profundo amor al Se\u00f1or que se transparenta en sus obras.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Sentido cristiano del hombre<\/em> es el primero y m\u00e1s importante de los ocho libros que escribi\u00f3. Pero otros tambi\u00e9n son \u201cimportantes\u201d porque afrontan temas centrales, fueron muy le\u00eddos y siguen siendo inspiradores: <em>Creo en ti. Estructura personal de la fe<\/em> (1949), <em>La experiencia cristiana<\/em> (1952), <em>El misterio del tiempo<\/em> (1962) y <em>La libertad cristiana<\/em> (1968), que desarrolla temas ya tratados en <em>Sentido cristiano<\/em>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Sentido cristiano del hombre (1943)<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>Lo primero que se puede decir de este libro es que, en realidad, no exist\u00eda nada parecido. Es una novedosa y feliz idea cristiana del ser humano. Tiene un doble m\u00e9rito; integra muchos materiales que podr\u00edamos llamar \u201cpersonalistas\u201d, que estaban surgiendo entonces, y les da un orden natural.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Supuso un aut\u00e9ntico salto de calidad y no ha perdido inter\u00e9s. Cuando se estaba confeccionando <em>Gaudium et spes<\/em>, y se quer\u00eda describir la idea cristiana del ser humano, era el libro m\u00e1s completo de referencia. Y, de hecho, le llamaron a colaborar, aunque su ya d\u00e9bil salud solo le permiti\u00f3 una corta estancia en Roma (1965).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cEn torno a nosotros existe la convicci\u00f3n de que el cristianismo es una doctrina extra\u00f1a al hombre y sus problemas, impotente ante lo tr\u00e1gico de su condici\u00f3n, sin inter\u00e9s por su miseria y su grandeza. Las p\u00e1ginas que siguen querr\u00edan demostrar que el misterio cristiano brota \u00fanicamente de la amistad divina con el hombre, que explica perfectamente su miseria y su grandeza, que es capaz de curar sus heridas y de salvarle diviniz\u00e1ndole\u201d<\/em> (p. 21).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Tiene diez cap\u00edtulos, divididos en tres partes: <em>valores temporales<\/em> (I), <em>valores carnales<\/em> (II) y <em>valores espirituales<\/em> (III). <em>Valores temporales<\/em> se refiere a la inserci\u00f3n del ser humano en lo temporal (tambi\u00e9n en la ciudad temporal y el mundo humano) y a su lugar en un maravilloso universo que es creaci\u00f3n divina. <em>Valores carnales<\/em> (aunque en castellano han preferido traducir por \u201ccorporales\u201d) son los valores del propio cuerpo con sus grandezas y miserias, y con el admirable y definitivo hecho de la Encarnaci\u00f3n. En <em>Valores espirituales<\/em>, recorre tres dimensiones del esp\u00edritu humano: ser persona (un ser personal), tener libertad (con sus miserias y grandezas) y realizarse en el amor (con la perfecci\u00f3n de la caridad). Estupenda arquitectura.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Valores temporales&nbsp;<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>Lo primero que llama la atenci\u00f3n es la conciencia positiva que tiene Mouroux hacia lo temporal como lugar de realizaci\u00f3n de la vocaci\u00f3n humana: <em>\u201c\u00bfCu\u00e1l es la actitud del cristiano frente a esta realidad maravillosa? La respuesta parece muy sencilla: aceptaci\u00f3n gozosa y colaboraci\u00f3n entusiasta\u201d<\/em> (32)\u2026 que no significa ingenua, precisamente porque el cristiano sabe que hay pecado. Es un amor <em>\u201cpositivo\u201d<\/em> (34), <em>\u201corientado\u201d<\/em> (37) con el debido orden de valores, y, con la ayuda de Dios, <em>\u201credentor\u201d<\/em> (42). El cristiano debe procurar mirar las cosas de este mundo <em>\u201ccon ojos puros, usarlas con voluntad recta y reorientarlas a Dios por la adoraci\u00f3n y el agradecimiento\u201d<\/em> (43).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Por su parte, el universo es <em>\u201cun inmenso libro vital e inagotable donde las cosas se nos manifiestan y nos manifiestan a Dios\u201d<\/em> (48). El ser humano forma con la naturaleza un todo org\u00e1nico y, al mismo tiempo, <em>\u201csolo \u00e9l puede con plena conciencia, con el conocimiento y el amor, llevar el mundo hacia Dios, d\u00e1ndole gloria\u201d <\/em>(51). Pero esto se realiza en la <em>\u201cambig\u00fcedad tr\u00e1gica\u201d<\/em> (52) que el pecado ha insertado en la relaci\u00f3n del hombre con la naturaleza. El \u00faltimo punto trata del <em>\u201cPerfeccionamiento del mundo por la acci\u00f3n cristiana\u201d,<\/em> y es paralelo al cap\u00edtulo 3 de la primera parte de <em>Gaudium et spes<\/em> (1965).<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Valores \u201ccarnales\u201d&nbsp;<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>De entrada, hay que partir de <em>\u201cLa dignidad del cuerpo\u201d<\/em>, creado por Dios. Pero <em>\u201cpocos temas causan m\u00e1s equ\u00edvocos, aun entre los cristianos [\u2026]. Podemos afirmar de \u00e9l las cosas m\u00e1s contradictorias\u201d <\/em>(73). Se propone estudiar la grandeza y miseria del cuerpo humano <em>\u201cmostrando que Cristo vino para curar su miseria y exaltar su dignidad\u201d<\/em> (73). Por cierto que el esquema grandeza-miseria es un evidente eco de los <em>Pensamientos<\/em> de Pascal.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El cuerpo, positivamente, es instrumento del alma, medio con el que se expresa y comunica, y forma con ella la plenitud de la persona, que no puede concebirse sin \u00e9l. Y ese es el sentido cristiano de la resurrecci\u00f3n final de los cuerpos, anticipada en Cristo, primicia, promesa y medio.<\/p>\n\n\n\n<p>Ciertamente, la huella del pecado produce una disfunci\u00f3n, que se expresa en resistencia, dificultad para la vida espiritual y la relaci\u00f3n: <em>\u201cEl cuerpo tambi\u00e9n es un velo. Es opaco. Dos almas nunca pueden comprenderse directamente\u201d<\/em> (98). Y se plantea el conflicto entre la carne y el esp\u00edritu: <em>\u201cEl cuerpo, adem\u00e1s de resistente y opaco, es una materia peligrosa\u201d<\/em> (102). Cuerpo y esp\u00edritu est\u00e1n hechos para vivir en unidad, pero tambi\u00e9n contrastan por naturaleza y combaten por el pecado: <em>\u201cEl cuerpo humano no es ahora el cuerpo que Dios quiso. Es un cuerpo herido y derrotado como el hombre mismo\u201d<\/em> (114). Estas curiosas disfunciones, naturales y por el pecado, se manifiestan sobre todo en la afectividad. Pero, en la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n, la misma situaci\u00f3n insatisfactoria, huella del pecado, se convierte en itinerario de salvaci\u00f3n, dando un sentido nuevo a la miseria corporal.<\/p>\n\n\n\n<p>Al encarnarse, el Se\u00f1or muestra el valor del cuerpo y su destino. <em>\u201cEn su relaci\u00f3n a Cristo, el cuerpo humano \u2013misterio de dignidad y de miseria- encuentra su explicaci\u00f3n definitiva y su total perfeccionamiento. El cuerpo fue creado para ser asumido por el Verbo de Dios\u201d<\/em> (119). El Cuerpo de Cristo se convierte, por un lado, en revelaci\u00f3n de Dios, medio de expresi\u00f3n que nos llega en nuestro lenguaje y nivel. Y, por otro lado, en medio de redenci\u00f3n. No solo en la cruz, sino en toda la actividad humana del Se\u00f1or.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cTreinta a\u00f1os de vida mortal ofrecidos de una vez por la salvaci\u00f3n del mundo. De este modo, todas las actividades que se realizan por medio del cuerpo constituyen el comienzo de la Redenci\u00f3n. El trabajo de carpintero durante la vida oculta, la evangelizaci\u00f3n de los pobres con su predicaci\u00f3n [\u2026]. La oraci\u00f3n por los caminos\u2026\u201d<\/em> (126-127).<\/p>\n\n\n\n<p>Esa redenci\u00f3n de Cristo de nuestro cuerpo empieza con el Bautismo: <em>\u201cEn adelante, el cuerpo purificado, ungido y marcado con la cruz, est\u00e1 consagrado a Dios como una mansi\u00f3n santa, como instrumento valioso, como el compa\u00f1ero del alma, evangelizado y convertido inicialmente [\u2026]. Esa consagraci\u00f3n es tan real, que manchar el cuerpo directamente por la impureza es una especial profanaci\u00f3n\u201d<\/em> (133). Hay un camino de purificaci\u00f3n e identificaci\u00f3n con Cristo (tambi\u00e9n en el cuerpo y en el dolor) que dura toda la vida. Y llega a nuestra resurrecci\u00f3n final en \u00c9l.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Valores espirituales<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>La tercera parte, con sus cinco cap\u00edtulos, es la mayor y ocupa casi la mitad del libro. Con un hermoso cap\u00edtulo dedicado a la persona y sus aspectos: esp\u00edritu encarnado, subsistente en s\u00ed mismo y, al mismo tiempo, abierta a la realidad y a los dem\u00e1s, persona entendida como vocaci\u00f3n hacia Dios, pero en el mundo. Estudia tambi\u00e9n <em>\u201cla persona en su relaci\u00f3n con el primero y segundo Ad\u00e1n\u201d<\/em>, porque la vida cristiana consiste en ese camino de uno al otro, de la situaci\u00f3n de creado y ca\u00eddo a la situaci\u00f3n de redimido y realizado en Cristo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Siguen dos consistentes cap\u00edtulos dedicados a la libertad humana. El primero estudia la libertad como el acto m\u00e1s caracter\u00edstico del esp\u00edritu humano, con su implicaci\u00f3n de inteligencia y voluntad. Con un sentido \u00faltimo hacia la felicidad y realizaci\u00f3n humana que el cristiano sabe que est\u00e1n en Dios. Y con las limitaciones que aparecen en la vida real, entre enfermedades y condicionamientos de todo tipo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre esa descripci\u00f3n m\u00e1s o menos fenomenol\u00f3gica, la fe cristiana, adem\u00e1s de mostrar claramente el sentido de la libertad, descubre su estado de esclavitud, por estar atada por el pecado y necesitada de la gracia. No est\u00e1 impedida para hacer las cosas m\u00e1s normales y \u201cterrenas\u201d, sino precisamente para poder amar a Dios y al pr\u00f3jimo como es nuestra vocaci\u00f3n. Necesita la gracia y as\u00ed se da la libertad cristiana, tan bellamente ilustrada por san Agust\u00edn. Estos temas ser\u00e1n ampliados en su libro de 1968 (<em>La libertad cristiana<\/em>).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la persona y su libertad resultar\u00edan como frustradas si no fuera por otra dimensi\u00f3n, que tambi\u00e9n es iluminada por la fe cristiana: el amor. Estudia primero el <em>\u201csentido cristiano del amor\u201d<\/em>, que puede dirigirse a Dios (amor fontal y origen de todo verdadero amor), a los dem\u00e1s, y ser tambi\u00e9n amor \u201cnupcial\u201d, con caracter\u00edsticas propias que la fe ilumina.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Cierra esta tercera parte el cap\u00edtulo dedicado a la caridad: <em>\u201cQuisi\u00e9ramos hacer entrever el misterio de la caridad. Y para conseguirlo, descubrir y repensar sus rasgos esenciales, tales como nos lo presenta la palabra de Dios, que es amor\u201d<\/em> (395).<\/p>\n\n\n\n<p>Se muestra primero como don absoluto (entrega de s\u00ed mismo), acto de servicio y obediencia, y de sacrificio; que, despu\u00e9s de Dios, se realiza en el aut\u00e9ntico amor fraterno. Adem\u00e1s, <em>\u201cla caridad es, a la vez, amor de deseo y amor de entrega [\u2026]. Ser\u00eda atentar contra la condici\u00f3n de creatura querer eliminar la indigencia radical que engendra el deseo o la dignidad sustancial que proporciona la entrega. Ser\u00eda, al mismo tiempo, ser infiel a las exigencias de esta vocaci\u00f3n sobrenatural que nos llama a poseer a Dios y a entregarnos a \u00c9l\u201d <\/em>(331).<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Res sacra homo<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>As\u00ed se titula la conclusi\u00f3n: <em>\u201cCuanto m\u00e1s se profundiza en el hombre, tanto m\u00e1s se nos revela como un ser parad\u00f3jico, misterioso, y, para decirlo todo, sagrado, ya que sus paradojas y misterios interiores se apoyan siempre sobre una nueva relaci\u00f3n con Dios\u201d<\/em> (339). Se juega mucho en que se conserve el sentido de <em>\u201csagrado\u201d,<\/em> subraya Mouroux todav\u00eda con la incerteza del desenlace de la II Guerra Mundial. El hombre es un <em>\u201cmisterio\u201d<\/em>, <em>\u201csumergido en la carne, pero estructurado por el esp\u00edritu; inclinado hacia la materia y, al mismo tiempo, atra\u00eddo por Dios\u201d <\/em>(340). <em>\u201cJuega su aventura en medio de los remolinos de la carne y el mundo. Este es el drama que todos vivimos\u201d<\/em> (341). <em>\u201cLo esencial del ser humano es su relaci\u00f3n con Dios; por tanto, su vocaci\u00f3n\u201d<\/em> (342).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ca\u00eddo, alterado y redimido. Con una concupiscencia, pero tambi\u00e9n con una llamada a la Verdad y al Amor. Sagrado por su origen y destino en Dios, sagrado por su salvaci\u00f3n en \u00c9l. Su ca\u00edda no es tan grave en el aspecto material o carnal como en el espiritual, en su lejan\u00eda de Dios. Por eso, en una cultura materialista quiz\u00e1 no se nota tanto lo que falta cuando su dignidad se rebaja a existir en lo temporal.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Por contraste, est\u00e1 la maravilla del vivir cristiano en la Trinidad. As\u00ed hay una triple dignidad el hombre por su semejanza con Dios (imagen), su vocaci\u00f3n a encontrarle y su filiaci\u00f3n. <em>\u201cComprendemos, pues, la estrecha relaci\u00f3n que existe entre lo humano y lo sagrado, ya que, efectivamente, lo sagrado no es otra cosa que el m\u00e1s noble apelativo y la m\u00e1s profunda verdad de lo humano\u201d <\/em>(347). Y esa plena verdad del ser humano y su vocaci\u00f3n se ha mostrado especialmente en Mar\u00eda. Y alienta en lo mejor de nosotros.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En Espa\u00f1a el profesor Juan Alonso le ha dedicado particular atenci\u00f3n, prologa el libro que citamos y tiene varios estudios que se pueden encontrar online. En esta serie tambi\u00e9n le dedicamos a Mouroux un art\u00edculo general: <em>Jean Mouroux o la teolog\u00eda desde el seminario<\/em>. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jean Mouroux firm\u00f3 el pr\u00f3logo de este libro en Dijon, el 3 de octubre de 1943. Probablemente lo hizo en el seminario donde se form\u00f3, fue profesor muchos a\u00f1os (1928-1967) y muri\u00f3 (1973). 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