{"id":15099,"date":"2020-03-03T10:42:00","date_gmt":"2020-03-03T09:42:00","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=15099"},"modified":"2021-09-03T10:47:05","modified_gmt":"2021-09-03T09:47:05","slug":"un-poeta-que-lo-hace-muy-bien-mal-que-bien-de-garcia-maiquez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/un-poeta-que-lo-hace-muy-bien-mal-que-bien-de-garcia-maiquez\/","title":{"rendered":"Un poeta que lo hace muy bien. Mal que bien, de Garc\u00eda-M\u00e1iquez"},"content":{"rendered":"<p>Enrique Garc\u00eda-M\u00e1iquez, el amigo poeta de El Puerto de Santa Mar\u00eda, C\u00e1diz, me ha enviado con una generosa dedicatoria su \u00faltimo poemario que lleva por t\u00edtulo <em>Mal que bien<\/em>. El volumen de 95 p\u00e1ginas, publicado por la editorial Rialp, hace el n\u00famero 671 de la prestigiosa colecci\u00f3n Adon\u00e1is, que constituye un verdadero monumento de la creaci\u00f3n po\u00e9tica en espa\u00f1ol.<\/p>\n\n\n\n<p>Este librito de poemas, tras nueve a\u00f1os de silencio po\u00e9tico del autor, est\u00e1 lleno de luz, de buen humor, de fe sobrenatural y de una impresionante erudici\u00f3n literaria. Cada verso es el eco de los miles de versos que ha le\u00eddo el autor y que probablemente solo los muy expertos ser\u00e1n capaces de descubrir.<\/p>\n\n\n\n<p>En mi primera lectura tres poemas me emocionaron en particular, quiz\u00e1 porque descubr\u00ed en ellos una peculiar sinton\u00eda de nuestros corazones. El primero titulado <em>Empujones<\/em> nos habla de nuestros muertos. Lo copio \u00edntegro pues a m\u00ed me pasa lo mismo; me basta con cambiar los nombres propios (p. 26):<\/p>\n\n\n\n<p><em>Vosotros, muertos con los que he vivido<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y a los que sigo amando cada d\u00eda,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>qu\u00e9 cerca est\u00e1is \u2014abuelos, madre m\u00eda,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>t\u00eda Lola, Ana&#8230; \u2014habl\u00e1ndome al o\u00eddo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Hoy son mis hijos los que os han perdido<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y echo de menos algo en su alegr\u00eda,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>aunque no se hagan cargo todav\u00eda<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>o jam\u00e1s, olvidados de su olvido.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Les hablo de vosotros con frecuencia,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>imito vuestros gestos a conciencia<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y a empujones os traigo hasta el presente.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Yo trato de saltar sobre un abismo,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y en una y otra orilla estoy yo mismo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y el v\u00e9rtigo de ver que no hay un puente.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed es, conforme nos hacemos mayores nuestros muertos est\u00e1n cada vez m\u00e1s vivos en nosotros y hablamos de ellos a los j\u00f3venes, e incluso imitamos sus gestos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestra pobre vida y nuestra fr\u00e1gil memoria son ya los \u00fanicos puentes. Y en esta misma secci\u00f3n sobre la muerte, titulada con fe <em>Hasta pronto<\/em>, me ha conmovido hasta la l\u00e1grima el brev\u00edsimo <em>Epitafio a una joven madre<\/em>, dedicado a Cristina Moreno, y que transcribo aqu\u00ed:<\/p>\n\n\n\n<p><em>No, no te sea leve la tierra en que reposas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>ni tampoco tranquila. No est\u00e1s acostumbra-<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>da.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Que sobre ella retumben cada d\u00eda m\u00e1s firmes&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>los pasos de tus hijos y el ruido de sus risas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Busco en <em>Wikipedia<\/em> y me recuerda que la locuci\u00f3n latina <em>Sit tibi terra levis<\/em> \u2013\u201cque la tierra te sea leve\u201d\u2013 era utilizada en el mundo romano precristiano como epitafio en las l\u00e1pidas, frecuentemente abreviada con las iniciales S\u00b7T\u00b7T\u00b7L. En contraste con el paganismo romano, una joven madre, fallecida prematuramente, lo que anhela no es la triste paz de los cementerios, sino las gozosas risas y el cordial alboroto de sus hijos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En relaci\u00f3n con esto, le\u00eda ayer al poeta Ram\u00f3n Gaya: <em>\u201cTodo el terror de la muerte desaparecer\u00eda si pudi\u00e9ramos morir en los brazos de nuestra madre; ser\u00eda \u00e9se el momento que m\u00e1s necesitar\u00edamos tenerla a nuestro lado\u201d<\/em>. Y a mi memoria creyente \u2013\u201cruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte\u201d\u2013 acud\u00edan aquellas tres l\u00edneas finales del poema de D\u00e1maso Alonso <em>A la Virgen Mar\u00eda<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Virgen Mar\u00eda, madre,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>dormir quiero en tus brazos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>hasta que en Dios despierte.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El poemario de Garc\u00eda-M\u00e1iquez contiene en total 49 poemas, m\u00e1s unas <em>Primeras l\u00edneas<\/em> (p. 9) y una <em>Bendici\u00f3n<\/em> final dedicada al padre del poeta (p. 89). Est\u00e1 organizado en siete secciones de siete poemas cada una con los siguientes t\u00edtulos: <em>Ten piedad, tiempo<\/em> (pp. 11-21), <em>Hasta pronto<\/em> (pp. 23-32), <em>Cuerpos gloriosos<\/em> (pp. 33-41), <em>Monogamia<\/em> (pp. 43-52), <em>Su rostro en mi espalda<\/em> (pp. 53-62), <em>Al alim\u00f3n<\/em> (pp. 65-76) y<em> En realidad<\/em> (pp. 79-88).<\/p>\n\n\n\n<p>Un rasgo llamativo de muchos de los poemas aqu\u00ed reunidos es que son divertidos; est\u00e1n llenos a la vez de un sonoro realismo andaluz y de un enorme buen humor. En particular me ha impactado el desparpajo con el que el poeta expresa su fe cristiana: se advierte que en \u00e9l la fe es algo bien vivo, capaz de dar sentido a la muerte y a tantas peque\u00f1as cosas que llenan la vida, sobre todo, el trato habitual con sus hijos, su esposa y sus amigos. Necesitamos poetas como Enrique que nos hablen de la atractiva belleza de la vida cristiana real. Viene a mi recuerdo aquello tan profundo de Simone Weil en <em>La gravedad y la gracia<\/em>: <em>\u201cEl mal imaginario es rom\u00e1ntico, variado; el mal real, triste, mon\u00f3tono, des\u00e9rtico, tedioso. El bien imaginario es aburrido; el bien real es siempre nuevo, maravilloso, embriagante\u201d<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>En la solapa del libro se escribe acertadamente que en este volumen <em>\u201cla versatilidad m\u00e9trica y la frescura de los versos se combinan con el humor, la inesperada hondura, el cuidado coloquialismo, la elegante iron\u00eda, la emoci\u00f3n sostenida y la incansable vuelta a sus maestros cl\u00e1sicos y contempor\u00e1neos\u201d<\/em>. Traer\u00e9 como \u00faltima muestra un poema algo m\u00e1s largo que tambi\u00e9n me cautiv\u00f3 en la primera lectura: se trata \u2013evocando a Keats\u2013 de <em>A Thing of Beauty<\/em> con el que se abre la secci\u00f3n <em>En realidad<\/em> y en el que aparece el <em>\u201cmal que bien\u201d<\/em> que da t\u00edtulo al volumen:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Sabemos a veces tal vez demasiado<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>cuando eso interfiere con nuestros sentidos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Con vuelo dorado la gr\u00e1cil gaviota<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>(sus alas, dos playas), eleva mi esp\u00edritu<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>hasta que recuerdo lo que han dicho siem-<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>pre,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>que son ratas sucias. Me pasa lo mismo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u2013<em>oh, tronco marm\u00f3reo, oh, olor de la infancia,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>oh, sombra de plata<\/em>\u2013<em> con el eucalipto<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>que es \u00e1rbol ex\u00f3geno que seca los pozos,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>agota la tierra y asfixia al lentisco.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Leyendo un poema, de golpe, me paro,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>rastreo influencias por s\u00ed es de un ep\u00edgono<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>o sopeso, grave, si el texto responde<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>a las exigencias de estos tiempos cr\u00edticos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>O basta una chica que cruza, y me turba,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y un <\/em>memento mori<em> resuena en mi o\u00eddo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Ojal\u00e1 ignorase. Aunque no: prefiero<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>ver c\u00f3mo lo duro, lo malo o lo m\u00edsero<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>por dentro me hielan. Hasta que lo hermoso<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>entabla una lucha a brazo partido<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y mal que bien vuelve y va lentamente<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>separando causas, efectos, motivos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>del claro milagro que alumbra mis ojos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>de nuevo: la alada belleza ha vencido. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Enrique Garc\u00eda-M\u00e1iquez, el amigo poeta de El Puerto de Santa Mar\u00eda, C\u00e1diz, me ha enviado con una generosa dedicatoria su \u00faltimo poemario que lleva por t\u00edtulo Mal que bien. 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