{"id":1278,"date":"2016-05-13T19:32:45","date_gmt":"2016-05-13T18:32:45","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=1278"},"modified":"2022-02-23T15:44:55","modified_gmt":"2022-02-23T14:44:55","slug":"van-gogh-buscando-los-colores-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/van-gogh-buscando-los-colores-de-dios\/","title":{"rendered":"Van Gogh, buscando los colores de Dios"},"content":{"rendered":"<p>En la sorprendente novela de <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Markus_Zusak\">Markus Zusak<\/a>, <i>La ladrona de libros <\/i>(2005), la peque\u00f1a Liesel intenta describirle al joven Max, prisionero en un s\u00f3tano, c\u00f3mo se ve el cielo aquel d\u00eda: <i>\u201cHoy el cielo est\u00e1 azul, Max, y hay una enorme nube alargada, desenrollada como una cuerda. Al final de la nube, el sol parece un agujero amarillo\u201d.<\/i> Despu\u00e9s de escuchar el relato, el joven suspira emocionado. Ha podido representarse el cielo en las palabras de Liesel.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 sea esto lo que nos conmueve y emociona al contemplar las pinturas de<a href=\"https:\/\/www.vangoghgallery.com\/es\/misc\/biografia.html\"> Vincent van Gogh<\/a> (1853-1890), quien supo captar el alma de las cosas sencillas y cotidianas para as\u00ed poder volcarlas en su obra: <i>\u201cEl arte es sublime cuando es simple\u201d<\/i>, escribe a su hermano Th\u00e9o. Cuando leemos sus cartas \u2013que son el mejor autorretrato de su alma\u2013 descubrimos el historial de una pasi\u00f3n, la llamada ineludible hacia el lugar en que la belleza no permite distracciones: <i>\u201cCu\u00e1ntas veces en Londres, al volver a casa por la tarde desde Southampton Street\u201d<\/i>, le escribe el 12 de octubre de 1883, <i>\u201cme detuve a dibujar en los muelles del T\u00e1mesis\u201d<\/i>; o los trigales bajo el cielo de Arl\u00e9s que le arrebataban el coraz\u00f3n: \u201c<i>Son inmensas extensiones de trigo bajo cielos cubiertos, y no me vi en apuros para tratar de expresar la tristeza, la extrema soledad\u201d<\/i> (10-VII-1890).<\/p>\n\n\n\n<p>Si intent\u00e1ramos descifrar el relato de la vida de Vincent van Gogh, sus limitaciones y miserias materiales, sin duda, nos abrumar\u00eda con sus marcadas tristezas: <i>\u201cEra una miseria demasiado larga y demasiado grande la que me hab\u00eda descorazonado hasta tal punto que ya no pod\u00eda hacer nada\u201d<\/i> (24-IX-1880). Sin embargo, su alma pudo nutrirse de una felicidad incomprensible para la mayor\u00eda, privilegio de los esp\u00edritus exquisitos y l\u00facidos; en la misma carta a\u00f1adir\u00e1: <i>\u201cNo sabr\u00eda decirte lo feliz que me siento por haber retomado el dibujo\u201d<\/i> (24-IX-1880). La pasi\u00f3n por su arte le permite seguir produciendo belleza, aun desde el abismo de una enfermedad devastadora: <i>\u201cMe enferm\u00e9\u201d<\/i> \u2013escribe el 29 abril de 1890\u2013 <i>\u201cen la \u00e9poca en que hac\u00eda las flores del almendro. Si hubiera podido seguir trabajando, hubiera hecho otros \u00e1rboles en flor, como puedes suponer. Ahora los \u00e1rboles en flor casi se terminaron\u201d<\/i>. El privilegio que goza el presente con respecto al pasado nos permite saber que los \u00e1rboles que pint\u00f3, esas flores de almendro, ya hab\u00edan ingresado en la historia de las obras llenas de hermosura; pero tambi\u00e9n el abatimiento le hab\u00eda alcanzado el coraz\u00f3n, el mundo acad\u00e9mico le hab\u00eda dado la espalda y la soledad lo hab\u00eda desquiciado.<\/p>\n\n\n\n<p>Van Gogh ten\u00eda un profundo deseo de conocerse, de poner en claro qu\u00e9 cosas perturbaban su alma, qu\u00e9 pasiones incontrolables lo acorralaban: <i>\u201cYo soy un hombre apasionado, capaz y sujeto a hacer cosas m\u00e1s o menos insensatas de las que a veces me arrepiento\u201d<\/i> (VII-1880); esto explicar\u00eda la raz\u00f3n por la que escribi\u00f3 a su hermano Th\u00e9o unas 650 cartas y por la que pint\u00f3 27 autorretratos: <i>\u201cSe dice y lo creo de buena gana que es dif\u00edcil conocerse a uno mismo; pero tampoco es f\u00e1cil pintarse a uno mismo. Por eso estoy trabajando en dos autorretratos en este momento, tambi\u00e9n por falta de otro modelo\u201d<\/i> (5 o 6 de octubre de 1889). En sus cartas esboz\u00f3 un autorretrato tan elocuente en sus descripciones como lo son sus pinturas: <i>\u201cQuiero decir que aunque encuentre dificultades relativamente grandes, aunque para m\u00ed haya d\u00edas sombr\u00edos, no querr\u00eda, no me parecer\u00eda justo que alguien me contara entre los desdichados\u201d<\/i>.<\/p>\n\n\n\n<p>Van Gogh fue un gran lector, enamorado de los libros y del conocimiento \u2013<i>\u201cYo tengo una pasi\u00f3n irresistible por los libros. Necesidad de instruirme como de comer mi pan\u201d<\/i> (VII-1880)\u2013, con unas ansias de superaci\u00f3n que nunca lo abandonaron: <i>\u201cGast\u00e9 m\u00e1s en colores y en telas que en m\u00ed\u201d<\/i> (5-IV-1888). El trabajo le produce una alegr\u00eda desbordante: <i>\u201cSiento en m\u00ed una fuerza que querr\u00eda desarrollar, un fuego que no puedo dejar extinguir, que debo atizar\u201d<\/i> (10-XII-1882). Y las ansias por perfeccionar su arte le posibilitan, incluso, caminos de reflexi\u00f3n: <i>\u201cLa vida pasa as\u00ed, el tiempo no vuelve, pero yo me encarnizo en mi trabajo, a causa justamente de saber que las ocasiones de trabajar no se repiten\u201d <\/i>(10-IX-1889). Como para avalar su convicci\u00f3n, cita una frase del pintor norteamericano Whistler: <i>\u201cS\u00ed, lo hice en dos horas, pero para hacerlo en dos horas tuve que trabajar durante a\u00f1os\u201d<\/i> (2-III-1883).<\/p>\n\n\n\n<p>Rememorando un poema de Goethe de 1810: <i>\u201cSi la vista no fuese como un sol, nunca podr\u00eda mirarlo; si en nosotros no se encontrase el poder de Dios mismo, \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda lo divino extasiarnos?\u201d<\/i>, estremece recordar la candidez del alma de Van Gogh en sus primeros a\u00f1os, cuando el amor a Dios era su amparo y su refugio. En 1875, desde Par\u00eds, Vincent cuenta a Th\u00e9o que alquil\u00f3 una habitaci\u00f3n y ha colocado cuadros en la pared; entre ellos <i>Lectura de la Biblia<\/i> de Rembrandt. En la carta describe e interpreta la escena del cuadro: <i>\u201cEs una escena que hace pensar en las palabras: \u2018En verdad os digo, cuando dos o tres seres est\u00e1n reunidos en mi nombre, yo estoy en medio de ellos\u2019\u201d<\/i> (6-VII-1875). Es un momento en el que los sue\u00f1os le apretujan el alma y en que el amor a Cristo regocija su coraz\u00f3n en busca de esa luz que resplandecer\u00e1 luego en su obra: <i>\u201cT\u00fa sabes que una de las verdades fundamentales del Evangelio es <\/i>que la luz brille en las tinieblas<i>. Por las tinieblas hacia la luz\u201d<\/i> (15-XI-1875). El coraz\u00f3n de Vincent est\u00e1 empapado de amor a Dios. Hab\u00eda querido ser pastor y misionero en su juventud y solo se dedic\u00f3 fervientemente a la pintura en sus diez \u00faltimos a\u00f1os de vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde la diafanidad de una mente y un coraz\u00f3n que a\u00fan no hab\u00edan sufrido los embates de la enfermedad, Vincent, el artista que amaba los libros, el que prefer\u00eda comprar pinceles y colores antes que alimentos, pudo asegurar con conmovedora convicci\u00f3n, la presencia de Dios en todo lo bello y bueno: <i>\u201cDel mismo modo sucede que todo lo que es verdaderamente bello y bueno, de belleza interior, moral, espiritual y sublime en los hombres y en sus obras, pienso que eso viene de Dios y que todo cuanto hay de malo y malvado en las obras de los hombres y en los hombres mismos, no es de Dios y tampoco a Dios le parece bien\u201d<\/i> (VII-1880). Medio siglo despu\u00e9s, Simone Weil en <i>A la espera de Dios<\/i> escribir\u00e1 en este mismo sentido: <i>\u201cEn todo lo que suscita en nosotros el sentimiento puro y aut\u00e9ntico de la belleza est\u00e1 realmente la presencia de Dios\u201d<\/i>.<\/p>\n\n\n\n<p>El escritor argentino Roberto Espinosa ha visitado recientemente la iglesia de Auvers-Sur-Oise, <i>\u201cesa iglesia g\u00f3tica donde su coraz\u00f3n religioso se ha conmovido\u201d<\/i> y donde descansan los restos del artista: <i>\u201cLuego de deambular sin ton ni son en busca del \u2018monumento\u2019, sobre un muro y entre dos mausoleos, dos l\u00e1pidas miran sin pesta\u00f1ear al sol del mediod\u00eda: <\/i>Ici repose Vincent van Gogh (1853-1890)<i> y a su lado, <\/i>Th\u00e9odore van Gogh (1857-1891)<i>. Un tapiz de hiedra abriga el dolor de las tumbas fraternas\u201d<\/i>. Ninguno de los dos hab\u00eda cumplido los cuarenta a\u00f1os. Sus almas unidas, entre misivas y pinceles, en busca de la eternidad, de los colores y la luz de <a href=\"https:\/\/teal-beaver-472417.hostingersite.com\/firmas\/si-dios-quiere-un-ano-entre-las-firmas-de-omnes\/\">Dios<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">&nbsp;<\/h4>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la sorprendente novela de Markus Zusak, La ladrona de libros (2005), la peque\u00f1a Liesel intenta describirle al joven Max, prisionero en un s\u00f3tano, c\u00f3mo se ve el cielo aquel d\u00eda: \u201cHoy el cielo est\u00e1 azul, Max, y hay una enorme nube alargada, desenrollada como una cuerda. 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