{"id":11147,"date":"2021-04-07T13:02:03","date_gmt":"2021-04-07T12:02:03","guid":{"rendered":"https:\/\/omnesmag.com\/?p=11147"},"modified":"2022-01-10T10:48:31","modified_gmt":"2022-01-10T09:48:31","slug":"yves-congar-teologia-ecumenismo-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/staging.omnesmag.com\/en\/yves-congar-teologia-ecumenismo-iglesia\/","title":{"rendered":"Yves-Marie Congar, el despliegue de un te\u00f3logo"},"content":{"rendered":"<p><em>\u201cEn los a\u00f1os 46 al 47, nos fue dado vivir momentos bastante excepcionales en un clima eclesial de libertad reencontrada\u201d<\/em>, recuerda Congar en su larga entrevista con Jean Puyo (Le Centurion, Paris 1975, cap\u00edtulo 4). Se mezclaba la alegr\u00eda de la victoria y la paz en Francia, con las ganas de hacer un mundo nuevo y una Iglesia renovada y en misi\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l ya estaba muy involucrado en el movimiento ecum\u00e9nico. Entre 1932 y 1965, todos los a\u00f1os, incluso alguno de los de cautividad, predic\u00f3, donde le llamaron, el Octavario de la Unidad de los Cristianos, que hab\u00eda dado lugar a su libro pionero <em>Cristianos desunidos<\/em> (1937).<\/p>\n\n\n\n\n\n<p>El libro hab\u00eda suscitado algunas reticencias, ahora renovadas ante la segunda edici\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cA finales del verano de 1947, se pueden situar las primeras manifestaciones de inquietud de Roma. Comenzamos a recibir una serie de advertencias, despu\u00e9s de amenazas en relaci\u00f3n a los sacerdotes-obreros. No se me concedieron los permisos que ped\u00eda (nunca dej\u00e9 de solicitar los permisos de mis superiores cuando era necesario)\u201d<\/em>. No pudo acudir a las reuniones ecum\u00e9nicas preparatorias para la creaci\u00f3n del Consejo Ecum\u00e9nico de las Iglesias en Ginebra (1948).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Comprender la \u00e9poca\u00a0<\/h4>\n\n\n\n<p>Era entonces nuncio en Francia Roncalli, despu\u00e9s Juan XXIII (1944-1953). Y se presentaban dificultades de distinta naturaleza e importancia. De algunas ya hablamos. Por un lado, estaba la susceptibilidad de un sector cat\u00f3lico tradicional bastante herido y la incomodidad e incomprensi\u00f3n de la teolog\u00eda que llamamos manual\u00edstica ante las nuevas corrientes teol\u00f3gicas. Ambas promov\u00edan sospechas y denuncias en Roma. Por otro, la Santa Sede ve\u00eda nacer el movimiento ecum\u00e9nico y quer\u00eda que no se le fuera de las manos. Y, sobre todo, estaba conmovida y alertada por los acontecimientos hist\u00f3ricos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Se ha dicho que P\u00edo XII viv\u00eda obsesionado por el comunismo. Es desconocer mucho la historia. Entre 1945 y 1948, con una colecci\u00f3n de violencias y pucherazos electorales, la URSS impuso reg\u00edmenes comunistas en todos los territorios ocupados: Alemania oriental, Polonia, Hungr\u00eda, Checoslovaquia, Ruman\u00eda y Bulgaria, adem\u00e1s de incorporarse directamente Estonia, Letonia y Lituania y una parte de Polonia. Los comunistas locales tomaron Yugoslavia y Albania. En 1949, Mao se hizo con China. En 1954, los comunistas se quedaron con la mitad norte de Vietnam e iniciaron la invasi\u00f3n del sur, hasta tomar Saig\u00f3n en 1975.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En esos a\u00f1os, millones de cat\u00f3licos y cientos de di\u00f3cesis quedaron sometidos a la represiones y trapacer\u00edas comunistas. Todos los d\u00edas llegaban a Roma noticias tristes, algunas tremendas. Se hab\u00eda creado un Iglesia martirial, una \u201cIglesia del silencio\u201d. Tanto silencio que muchos no lo recuerdan cuando describen ingenuamente esta \u00e9poca.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y en Francia, Italia y Austria exist\u00eda una tremenda presi\u00f3n comunista pol\u00edtica, propagand\u00edstica y cultural, que afectaba a todo, y a la Iglesia tambi\u00e9n. Y que tapaba lo que pasaba al otro lado. Vale la pena leer a Stephen Koch, <em>El fin de la inocencia<\/em>. \u00bfC\u00f3mo pod\u00eda P\u00edo XII, en los a\u00f1os cincuenta, no estar muy preocupado por el comunismo? Solo cuando aquellos reg\u00edmenes estaban s\u00f3lidamente establecidos, Pablo VI pudo intentar un di\u00e1logo de buena voluntad que no encontr\u00f3 buena voluntad. Y hoy se sigue intentando con China, Vietnam\u2026 Cuba\u2026 Venezuela.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Los a\u00f1os malos de Congar<\/h4>\n\n\n\n<p>Frente esto, a P\u00edo XII no pod\u00edan parecerle muy graves otras cuestiones. Presionado por las quejas y denuncias ante la <em>\u201cnouvelle Th\u00e9ologie\u201d,<\/em> compuso la enc\u00edclica <em>Humani generis<\/em> (1950), describiendo gen\u00e9ricamente algunas posibles desviaciones, pero no quiso nombrar ni condenar a nadie. Conten\u00eda una l\u00ednea desaconsejando el falso irenismo. Se tomaron algunas medidas disciplinares, se puso alg\u00fan libro en el \u00edndice (Chenu) y, sobre todo, se suspendi\u00f3 el experimento de los curas obreros (1953), que con aquella presi\u00f3n y manipulaci\u00f3n comunista no pod\u00eda salir bien, por m\u00e1s que realmente tuviera una inspiraci\u00f3n evang\u00e9lica.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En 1954, la Santa Sede hizo cambiar a los tres provinciales dominicos de Francia y exigi\u00f3 que se alejara de sus lugares y de la docencia a cuatro profesores, entre los cuales Chenu y Congar. En realidad, Congar apenas hab\u00eda tenido relaci\u00f3n con el movimiento, salvo alg\u00fan escrito ocasional. Y, quiz\u00e1 por eso, no estaba claro qu\u00e9 se le pod\u00eda objetar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A finales de 1954 fue llamado urgentemente a Roma para entrevistarse con el Santo Oficio. Pero pasaron seis meses sin entrevista. De distintos lados le aconsejaron corregir <em>Cristianos desunidos<\/em>, pero nunca supo qu\u00e9 deb\u00eda corregir. <em>\u201cCambie algo\u201d<\/em>, le sugiri\u00f3, en alg\u00fan momento, el general de los dominicos. Y lo mismo sucedi\u00f3 con <em>Verdadera y falsa reforma en la <\/em>Iglesia, que hab\u00eda publicado en 1950. Tambi\u00e9n, ya por \u00f3smosis, encontr\u00f3 reticencias otro ensayo pionero suyo: <em>Jalones para una teolog\u00eda del laicado<\/em> (1953), que ha sido muy importante en la historia del tema.\u00a0<\/p>\n\n\n\n\n\n<p>Tras volver de Roma en 1954, se le envi\u00f3 unos meses a Jerusal\u00e9n y despu\u00e9s a Cambridge, donde se sent\u00eda muy aislado. En 1956, le acogi\u00f3 el obispo de Estrasburgo, que lo conoc\u00eda bien. All\u00ed desempe\u00f1\u00f3 una labor pastoral normal, con limitaciones de docencia y censura de publicaci\u00f3n. Para \u00e9l fueron diez a\u00f1os (1946-1956) muy malos, por esa sensaci\u00f3n de rechazo sin informaci\u00f3n, como se ve en su <em>Diario de un te\u00f3logo<\/em>, escrito en vivo. Los recuerda con m\u00e1s distancia y mesura en su di\u00e1logo con Puyo. Pero tambi\u00e9n escribi\u00f3 mucho: en 1960, apareci\u00f3 un poderoso ensayo en dos vol\u00famenes, sobre <em>La Tradici\u00f3n y las tradiciones<\/em>, en su aspecto teol\u00f3gico e hist\u00f3rico. La Tradici\u00f3n, en realidad, no es otra cosa que la misma vida de la Iglesia en la historia, animada por el Esp\u00edritu Santo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Y lleg\u00f3 el Concilio<\/h4>\n\n\n\n<p>A la muerte de P\u00edo XII (1958), el antiguo nuncio Roncalli es elegido Papa y convoca el Concilio. En 1961 nombra a Congar consultor de la Comisi\u00f3n preparatoria. Era una rehabilitaci\u00f3n. Al principio, se trataba de asistir a sesiones con otros muchos. Pero, desde marzo de 1963, incorporado a la Comisi\u00f3n Central, jug\u00f3 un papel muy activo, en la inspiraci\u00f3n, redacci\u00f3n y correcci\u00f3n de muchos textos.<\/p>\n\n\n\n<p>En su presentaci\u00f3n de conjunto <em>A la escucha del cardenal Congar<\/em> (Edibesa, Madrid 1994), el te\u00f3logo dominico Juan Bosch recoge puntos redactados directamente por Congar, como los n\u00fameros 9, 13, 16 y 17 del cap\u00edtulo II de <em>Lumen Gentium<\/em>, y parte del cap. 1 de <em>Presbyterorum ordinis<\/em> o el cap\u00edtulo primero del Decreto <em>Ad Gentes<\/em>, sobre la evangelizaci\u00f3n. Tambi\u00e9n trabaj\u00f3 mucho en <em>Gaudium et spes<\/em>, en <em>Unitatis redintegratio<\/em> (sobre el ecumenismo) y <em>Dignitatis humanae<\/em> (sobre la libertad religiosa).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Los grandes temas del Concilio eran sus temas. Se movi\u00f3 para impulsarlos: describir la Iglesia como Misterio y como Pueblo de Dios; entender mejor su comuni\u00f3n, reflejo de la comuni\u00f3n de Personas de la Trinidad, base de la comuni\u00f3n del Colegio episcopal y de las Iglesias particulares y horizonte del ecumenismo; profundizar en la misi\u00f3n \u201csacerdotal\u201d de los laicos en el mundo, elevando a Dios las tareas temporales. Adem\u00e1s, el empe\u00f1o ecum\u00e9nico, en cuanto se present\u00f3 a los Padres, gan\u00f3 su coraz\u00f3n y cambi\u00f3 la actitud de la Iglesia cat\u00f3lica para afrontar las divisiones hist\u00f3ricas. Fue una gran alegr\u00eda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En esos a\u00f1os, escribi\u00f3 regularmente cr\u00f3nicas del Concilio para revistas, que despu\u00e9s recogi\u00f3 en libros anuales (<em>El Concilio, d\u00eda tras d\u00eda<\/em>): y llev\u00f3 tambi\u00e9n un diario personal detallado, que es una fuente de primer orden para la historia del Concilio (<em>Mon journal du Concile<\/em>, 2 vol\u00famenes). Y tuvo mucho trato con los jesuitas franceses De Lubac y Dani\u00e9lou, y los te\u00f3logos de Lovaina, Philips, Thils y Moeller. Tambi\u00e9n conoci\u00f3 al obispo Wojtyla. Recuerda que, cuando hablaba, durante los trabajos de la redacci\u00f3n de <em>Gaudiun et spes<\/em>, impresionaba por su aplomo y convicci\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">A\u00f1os de trabajo<\/h4>\n\n\n\n<p>El Concilio result\u00f3 un trabajo agotador, ya que las comisiones trabajaban muchas veces de noche para poder presentar los textos corregidos al d\u00eda siguiente. Pero \u00e9l era un gran trabajador. Habitualmente dedicaba 10 horas a escribir, durante muchos a\u00f1os. As\u00ed se explica la extensi\u00f3n de su producci\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En 1964, re\u00fane algunos art\u00edculos sobre el ecumenismo en <em>Cristianos en di\u00e1logo<\/em>, y le antepone unas memorias muy interesantes y bastante largas sobre sus trabajos y vocaci\u00f3n ecum\u00e9nica.<\/p>\n\n\n\n<p>Compone para el curso teol\u00f3gico <em>Mysterium salutis<\/em> (1969), un escrito muy extenso sobre las cuatro notas de la Iglesia, con su fundamento hist\u00f3rico: una, santa cat\u00f3lica y apost\u00f3lica. Y prepara dos extensos tomos sobre la Iglesia para la historia de los dogmas de Schmaus. Es una obra mayor y tambi\u00e9n pionera, aunque no haya podido recogerlo y sintetizarlo todo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">M\u00faltiples tareas\u00a0<\/h4>\n\n\n\n<p>Desde el final del Concilio, era invitado por todas partes para dar conferencias y cursos. Y lo siente como un deber. Si se puede transmitir, hay que transmitir. Era su servicio a la Iglesia. Pero se le empieza a desplegar una esclerosis que ya se hab\u00eda manifestado un poco en su juventud.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En 1967, en un viaje intens\u00edsimo por varios pa\u00edses americanos, donde a veces tiene que usar un carrito, sufre un colapso en Chile. Y necesita meses de recuperaci\u00f3n. En adelante, las limitaciones crecer\u00e1n y la movilidad se complica, pero no para de trabajar y viaja lo que puede. Como necesita m\u00e1s atenci\u00f3n f\u00edsica, en 1968 se traslada de Estrasburgo a Le Saulchoir, cerca de Par\u00eds.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Desde 1969 hasta 1986, es miembro de la Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional y participa en los trabajos. Forma parte de la redacci\u00f3n de la revista <em>Communio<\/em>, en la que permanecer\u00e1 a pesar de los problemas que percibe (considera a K\u00fcng un buen te\u00f3logo, m\u00e1s bien protestante).&nbsp; Pronto nota, como otros te\u00f3logos responsables y amigos, lo que no va bien en el posconcilio. Y hace unas llamadas a la responsabilidad, tanto en la teolog\u00eda: <em>Situaci\u00f3n y tareas de la teolog\u00eda hoy<\/em> (1967), como sobre la vida de la Iglesia: <em>Entre borrascas. La Iglesia de hoy afronta su futuro<\/em> (1969). Analiza tambi\u00e9n el cisma de Mons. L\u00e9febvre: <em>La crise dans l\u2019\u00c9glise et Mgr L\u00e9febvre<\/em>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Le preocupa la mala interpretaci\u00f3n del Concilio, las derivas teol\u00f3gicas y la banalizaci\u00f3n de la Liturgia. Aunque mantiene un tono confiado en los frutos del Concilio. \u00c9l se sit\u00faa en la tradici\u00f3n: <em>\u201cNo me gusta mucho el t\u00edtulo de conservador, pero yo espero ser un hombre de la tradici\u00f3n\u201d<\/em>. En esa tradici\u00f3n viva a la que ha dedicado tanta atenci\u00f3n. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">\u00daltimos a\u00f1os<\/h4>\n\n\n\n<p>Con una limitaci\u00f3n creciente, que llega a paralizarle los dedos, sigue trabajando. Es bonito que, en el ocaso de su vida, todo su trabajo sobre la Iglesia le conduce a escribir sobre el Esp\u00edritu Santo. Con todos los grandes temas esbozados, compone tres vol\u00famenes (1979-1980) que luego se reunir\u00e1n en uno solo, <em>El Esp\u00edritu Santo<\/em>. Sin ser un tratado sistem\u00e1tico completo, es una amplia panor\u00e1mica de los puntos principales: su papel en la Trinidad, en la Iglesia y en el interior de cada creyente. Con ese estilo caracter\u00edstico suyo, muy suelto, que combina luces tem\u00e1ticas con desarrollos hist\u00f3ricos. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La enfermedad avanza. Unos a\u00f1os antes hab\u00eda conseguido una pensi\u00f3n de invalidez argumentando que la enfermedad se deb\u00eda a las penurias de su larga prisi\u00f3n durante la guerra. Se la conceden. Con ese mismo t\u00edtulo, en 1985, cuando necesita atenci\u00f3n especializada, ingresa en el gran hospital que fund\u00f3 Napole\u00f3n para los heridos de guerra: <em>Los Inv\u00e1lidos<\/em>, de Par\u00eds. All\u00ed pasar\u00e1 sus \u00faltimos a\u00f1os, dictando porque ya no puede escribir, respondiendo al correo, recibiendo visitas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En 1987 concede otra larga entrevista autobiogr\u00e1fica, muy interesante, aunque m\u00e1s breve que la de Puyo, a Bernard Lauret, con el t\u00edtulo <em>Entretiens d\u2019automne<\/em> (<em>Conversaciones de Oto\u00f1o<\/em>). Ese mismo a\u00f1o escribe una introducci\u00f3n a la Enc\u00edclica <em>Redemptoris Mater<\/em>, de Juan Pablo II. Y, como si fuera un s\u00edmbolo de su vida, su \u00faltimo art\u00edculo de revista, sobre <em>Romanidad y catolicidad. Historia de la conjunci\u00f3n cambiante de dos dimensiones de la Iglesia<\/em>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En 1994, Juan Pablo II lo nombra cardenal; muere al a\u00f1o siguiente, 1995.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Otras consideraciones<\/h4>\n\n\n\n<p>La obra de Congar es tan extensa que no es posible ni siquiera recoger los t\u00edtulos significativos. Se han se\u00f1alado algunos m\u00e1s principales. La nota bibliogr\u00e1fica que aporta Juan Bosch en su panor\u00e1mica recoge 1.706 trabajos. Entre los cuales est\u00e1, por ejemplo, su participaci\u00f3n en el gran diccionario <em>Catholicisme<\/em>, al que contribuy\u00f3 con cientos de voces. Y una curiosa colaboraci\u00f3n con la revista espa\u00f1ola <em>Tribuna m\u00e9dica<\/em> (1969-1975).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Las entrevistas con Puyo y Lauret son interesant\u00edsimas al verle razonar en vivo. Sus tres diarios sobre la primera guerra (1914-1918), sus tiempos duros (<em>Diario de un te\u00f3logo<\/em>) y su participaci\u00f3n en el Concilio tambi\u00e9n lo son. Y est\u00e1 bien construida la biograf\u00eda de Fouilloux. Adem\u00e1s, hay que contar ya con un gran n\u00famero de tesis y ensayos sobre su obra. No cabe duda de que ha dejado un patrimonio teol\u00f3gico muy importante. <\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cEn los a\u00f1os 46 al 47, nos fue dado vivir momentos bastante excepcionales en un clima eclesial de libertad reencontrada\u201d, recuerda Congar en su larga entrevista con Jean Puyo (Le Centurion, Paris 1975, cap\u00edtulo 4). 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