Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (2015-2030), tambiĆ©n conocidos por sus siglas ODS, son una iniciativa impulsada por Naciones Unidas. El objetivo global es conseguir un mundo mĆ”s igualitario y saludable.Ā Se concreta en 17 objetivos a los cuales no es fĆ”cil ponerles una pega: acabar con la pobreza en todas sus formas en todo el mundo, Ā promover el crecimiento económico inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos, reducir la desigualdad en y entre los paĆsesā¦Ā En EspaƱaĀ esta agenda 2030 tiene incluso un ministerio propio que depende de la vicepresidencia segunda de Pablo Iglesias.
Una de las lĆneas de acción para lograr los objetivos de la agenda 2030 es, precisamente, la educación. Por ello, no es extraƱo que tambiĆ©n a la hora de elaborar el nuevo currĆculo de Religión en este momento de aplicación de la LOMLOE, los ODS y la Agenda 2030 estĆ©n presentes como un horizonte de diĆ”logo y encuentro entre las propuestas ministeriales y las aportaciones de la EnseƱanza Religiosa Escolar.
ĀæCómo valorar esta convergencia de los ODS y el currĆculo de la enseƱanza religiosa? En este caso creo que es aplicable el sabio consejo de san Pablo a la comunidad de Tesalónica: āexaminadlo cuidadosamente todo y quedaos con lo buenoā (1 Tes 5,21) Es evidente que en muchos de esos objetivos podemos estar de acuerdo y tener una colaboración constructiva. Hay, sin duda, cosas buenas con las que podemos quedarnos, parafraseando al apóstol. Pero, tambiĆ©n siguiendo sus enseƱanzas, hemos de examinarlo todo detenidamente para poder ver cómo incorporarlos correctamente al desarrollo del currĆculo de Religión.
El primer punto que destacarĆa en este discernimiento es que, siendo confluyentes en algunos de sus objetivos, la enseƱanza religiosa escolar tiene su propia finalidad. Y esto marca el modo en el que estos objetivos se podrĆanĀ incorporar al currĆculo de la clase de Religión.
Como recordaba Carlos Esteban en el Foro āHacia un nuevo currĆculo de Religiónā los tres fines que la Iglesia en EspaƱa seƱaló para la ERE en el documento āOrientaciones pastorales sobre la enseƱanza religiosa escolar (1979) son de una sorprendente actualidad:
- Que el alumno se sitúe lúcidamente ante la tradición cultural.
- Que el alumno se inserte crĆticamente en la sociedad.
- Que el alumno pueda encontrar respuestas al sentido último de la vida y sus implicaciones éticas.
Estos tres objetivos son dimensiones de esa cosmovisión cristiana que la clase de Religión debe aportar a los alumnos. Esa visión global, interiorizada, del cristianismo, que el alumno integra en su propia vida en clave competencial es la base de toda educación católica. También de la clase de Religión.
En ese insertarse crĆticamente en la sociedad es donde podemos plantearnos ese diĆ”logo sobre los ODS y su aplicación en la agenda 2030. Es un diĆ”logo que la fe debe asumir con la cultura de cada tiempo, pero que solo podrĆ” hacerlo de forma enriquecedora en la medida en que parta de su propia identidad católica, que le ayude a hacerlo de manera crĆtica. Sin esa identidad el riesgo es el de diluirse y confundir el objetivo, convirtiĆ©ndose la enseƱanza religiosa escolar y la educación católica en general en un apoyo acrĆtico a la agenda 2030.
No se trata de mirar con recelo o suspicacia, y mucho menos a la defensiva, la sociedad en la que vivimos. Necesitamos un currĆculo en diĆ”logo con la sociedad, encajado en la pedagogĆa escolar, capaz de responder a los retos que presenta la educación actual. Pero todo ello parte de que el currĆculo sirva realmente para dar claves de identidad católica a nuestros alumnos.
Y en este sentido la antropologĆa cristiana aporta unas claves que, no debemos tener miedo a constatarlo, no coinciden en aspectos esenciales con los que se puedan plantear desde otras instancias ideológicas. La persona, hombre y mujer, creada a imagen de Dios, abierta a la trascendencia, capaz de bien, herida por el pecado, necesitada de redención, resucitada, con Cristo como modelo de humanidad⦠es nuestro referente, que puede iluminar de una forma especial la vida concreta de nuestros alumnos.
Por otra parte los ODS y la agenda 2030 tienen, como suele ocurrir en este tipo de documentos, una amplitud en los objetivos que permiten distintas lecturas y realizaciones. El objetivo puede estar bien o ser ambiguo. Pero la forma en la que se consiga, los medios, han de ser puestos encima de la mesa.
El objetivo 5.6, por ejemplo, de āasegurar el acceso universal a la salud sexual y reproductiva y los derechos reproductivosā, podrĆa llevarnos, asumido acrĆticamente, Ā a apoyar medidas contrarias a la moral cristiana que uno puede fĆ”cilmente intuir. Sin duda los cristianos tenemos mucho que decir, y debemos hacerlo, sobre cómo llegar a lograr esos objetivos de la agenda 2030. Y asĆ se lo hemos de enseƱar a nuestros alumnos. Pero con esa dosis de visión crĆtica que recomendaban los obispos en 1979 y que, en un mundo lĆquido como el actual, es especialmente necesaria. Sencillamente tenemos que enseƱarles a afrontar los retos que tiene la sociedad y que estĆ”n recogidos, en parte, en la agenda 2030, y hacerlo desde la aportación del humanismo cristiano.
En los ODS encontraremos puntos de encuentro y diÔlogo. Y es bueno que, como hizo el apóstol de los gentiles en Atenas, establezcamos ese diÔlogo. Siendo conscientes de que nos puede ocurrir que al hablar de resurrección de muertos, al proponer una visión trascendente a una sociedad inmanente, nos puedan decir también que de eso nos oirÔn hablar en otro momento. Como Pablo, en Corinto, descubriremos entonces que la cruz es siempre escÔndalo o estupidez para unos y otros. Pero siempre clave de vida y de interpretación de la realidad para un cristiano.