La conversiĂłn de Recaredo y los Concilios de Toledo convocados en pleno siglo VII, marcarĂĄn el fecundo pontificado de san Isidoro de Sevilla (+ 636), considerado como el mĂĄs cĂ©lebre escritor latino del siglo VII y, para algunos autores, el Ășltimo Padre de la Iglesia occidental.
Indudablemente, su obra mĂĄs conocida y citada, âlas EtimologĂasâ, marcarĂĄ su mĂ©todo de trabajo y su estilo de predicaciĂłn y de gobierno. Hay que ir a las fuentes y desde ellas alumbrar los problemas grandes y pequeños de la vida pastoral y de la vida de los cristianos.
Obras de san Isidoro de Sevilla
Efectivamente, âlas EtimologĂasâ constituyen la primera enciclopedia del saber y del conocimiento dentro y fuera de la Iglesia medieval. Si leemos despacio la ediciĂłn de la BAC, por ejemplo, comprobaremos que ha realizado todo un compendio de los saberes cientĂficos, humanĂsticos, sapienciales, etc.
En esas pĂĄginas apretadas, como se escribĂa en la antigĂŒedad para aprovechar el papel, se conservaba todo lo que un maestro debĂa tener presente en la formaciĂłn de sus sĂșbditos. Sus âSentenciasâ rebosan de ciencia eclesiĂĄstica y preludian las futuras âSentenciasâ de Pedro Lombardo (1100-1160) y la misma âSuma TeolĂłgicaâ de santo TomĂĄs de Aquino (1224-1274).
Enseguida hemos de recordar su extraordinaria apologĂa âDe la fe catĂłlica contra los judĂosâ; tambiĂ©n el recuerdo de las costumbres cristianas y de la disciplina de la Iglesia en el âDe los oficios eclesiĂĄsticosâ; asimismo, escribe la historia de los reyes godos, vĂĄndalos y suevos en âLos varones ilustresâ; trata de todo lo que podĂa discutirse entonces en los dos libros âDe las diferenciasâ; comenta la Biblia, diserta sobre el dogma y la moral, se entretiene en describir los mĂĄs minuciosos detalles de la naturaleza⊠Puede decirse que su obra abarca todos los dominios de la ciencia, desde el alto campo de la teologĂa hasta el mĂĄs ordinario de las artes mecĂĄnicas y suntuarias.
Vida y cultura hispano-visigoda
Por su santidad y ciencia, puede decirse que personifica tambiĂ©n la vida y la cultura de la Iglesia hispano-visigoda. A Ă©l le corresponde el mĂ©rito de haber despertado y consolidado la conciencia de la unidad cultural de los pueblos germanos y romĂĄnicos. Recopilador y reelaborador del pensamiento de los clĂĄsicos, imbuido del saber de su tiempo y fecundo en el campo literario, supo exponer en sus obras y llevar a la conciencia de las naciones germĂĄnicas la preciosa herencia de la antigua erudiciĂłn. Esto le valiĂł que ya se le reconociera entonces -y se le siga reconociendo todavĂa hoy- como uno de los grandes maestros precursores de la Ă©poca medieval.
No es menos lo que supone san Isidoro para la vida nacional. Consejero de reyes e inspirador de una nueva legislaciĂłn, crea una polĂtica de inspiraciĂłn cristiana que, traspasando las fronteras visigodas, servirĂĄ de modelo a la que se impondrĂĄ mĂĄs adelante en el Imperio cristiano durante la Edad Media.
Del tiempo de san Isidoro es el magisterio, por ejemplo, que ejercen en Toledo sus arzobispos: los dos santos Eugenio, San Ildefonso, ârĂo de elocuenciaâ, y san JuliĂĄn; en Zaragoza brillan TajĂłn y los hermanos Juan y san Braulio, este Ășltimo una de las glorias mĂĄs representativas de la España visigoda; en Barcelona, san Quirce; en Sevilla, san Leandro y san Fulgencio; en Braga, san Fructuoso⊠España cuenta entonces con una plĂ©yade de escritores eclesiĂĄsticos que difĂcilmente podemos encontrar en las otras naciones de Europa.
La formaciĂłn sacerdotal y san Isidoro de Sevilla
Deseamos aprovechar esta semblanza de san Isidoro de Sevilla para resaltar una cuestiĂłn poco conocida por el pĂșblico general y es la importancia que tuvo san Isidoro en la formaciĂłn sacerdotal hasta el Concilio de Trento.
En efecto, el Concilio IV de Toledo es uno de los concilios mås importantes de la Iglesia en España. Se celebró en el año 653 y estuvo presidido por san Isidoro de Sevilla. Asistieron 5 arzobispos, 56 obispos y 7 vicarios de otras diócesis. Para nuestro propósito, el estudio de la formación sacerdotal, es un concilio de un gran interés, pues dedica muchos cånones a la cuestión.
En primer lugar, se establecĂa que los estudios sacerdotales, debĂan estar basados en el conocimiento de la Sagrada Escritura y de los cĂĄnones: «para que todo su trabajo consista en la predicaciĂłn y en la doctrina y sirva de edificaciĂłn a todos, tanto por la ciencia de la fe como por la legalidad de la enseñanza» (Concilio IV de Toledo, c. 25, Mansi 10, 626 y ss.).
Seguidamente, se establecĂan aspectos concretos de esa formaciĂłn: «Cualquier edad del hombre a partir de la adolescencia es inclinada al mal; pero nada hay mĂĄs inconstante que la vida de los jĂłvenes. Por esto convino establecer que los clĂ©rigos pĂșberes o adolescentes habiten todos en un recinto del atrio, para que pasen los años de la edad lĂșbrica no en lujuria sino en las disciplinas eclesiĂĄsticas, bajo la direcciĂłn de un anciano de muy buena vida y experimentado, a quien todos tengan por maestro y testigo de sus acciones; y si alguno de Ă©stos son pupilos, sean protegidos por la tutela del obispo, para que su vida estĂ© libre de crĂmenes y sus bienes libres de la injuria de los malosâ.
Seminario isodoriano
Con los cĂĄnones aducidos del Concilio IV de Toledo y las obras de san Isidoro, estamos en condiciones de delinear lo que ha sido denominado âseminario isidorianoâ, que tendrĂĄ una gran influencia en la Edad Media, tanto en España como en otros lugares de Europa y, finalmente, serĂĄ recogido en el Concilio de Trento. En efecto, el Decreto âpro seminariis», del Concilio de Trento, comenzarĂĄ con las mismas palabras del IV Concilio de Toledo ya citado.
La primera novedad que introduce el Concilio de Toledo es denominar presbĂtero, anciano, al que hasta entonces se llamaba âprepĂłsitoâ. Es decir «el anciano de muy buena vida y experimentado» sucede al «prepĂłsito» a la hora de exigir y en lo que se refiere a la experiencia de vida y a su competencia.
Asimismo, en el desarrollo de la vida de esa escuela sacerdotal se hablarå claramente de «disciplinas eclesiåsticas», que los alumnos han de cursar en el «recinto del atrio», pegado a la residencia episcopal y bajo la mirada de un varón experimentado que sea «prudente en sus palabras y rico en ciencia».
A la edad de los alumnos se le pone un lĂmite por arriba de los 30 años. Por otra parte, no se redactan nuevas constituciones para la vida de esas escuelas, pues se entiende que en la Regla de san Benito estĂĄn resumidas suficientemente las diversas cuestiones.
AdemĂĄs de la enseñanza de las ciencias sagradas y profanas, se les enseñaba a predicar, es decir se les impartĂa un curso de oratoria sagrada, muy prĂĄctico y dirigido a la predicaciĂłn al pueblo, basado en la retĂłrica clĂĄsica.
TambiĂ©n se les enseñaba tanto de modo teĂłrico, como prĂĄctico, la experiencia pastoral. AsĂ, en una de las oraciones del âLiber ordinumâ, se rogaba de este modo: «Señor Jesucristo. TĂș que abriste la boca de los mudos e hiciste elocuentes las lenguas de los niños, abre la boca de este siervo para que reciba el don de la sabidurĂa a fin de que, aprovechando con toda perfecciĂłn las enseñanzas que hoy se le empiezan a dar, te alabe por los siglos de los siglos».
La pedagogĂa
La pedagogĂa, âInstitutionum disciplinaeâ, concebida por san Isidoro, se decĂa de estos colegios que se instituyen y se establecen en tres partes: aprender a leer, a escribir y a ser lectores de la Palabra de Dios, es decir, leer y comentar los misterios de Dios.
Es interesante constatar que, pocos años despuĂ©s, san JuliĂĄn de Toledo, en su âArs grammatica» insista en las mismas ideas. San Ildefonso añade, ademĂĄs, el canto litĂșrgico que en adelante deberĂĄ considerarse tambiĂ©n materia importante para la enseñanza en esas escuelas..
San Isidoro explicitaba en sus obras los estudios que debĂan realizarse en esas escuelas. Se debĂa comenzar por el âTriviumâ, orientado al conocimiento del latĂn; la retĂłrica, la dialĂ©ctica, la literatura y rudimentos de filosofĂa. DespuĂ©s, el alumno darĂa comienzo al estudio del âQuadriviumâ, es decir, la aritmĂ©tica, la mĂșsica, la geometrĂa y la astronomĂa.
San Isidoro, la Biblia y otros textos
Respecto a los poetas paganos Isidoro, como ya habĂan hecho los Padres de la Iglesia, ponĂa a los alumnos en guardia sobre su uso y les enseñaba a extraer la parte positiva de ellos y dejar de lado los resabios paganos. Una vez terminados los estudios humanĂsticos, los candidatos que se consideraban idĂłneos, eran ordenados de subdiĂĄconos.
A partir de ese momento, comenzaban los estudios teolĂłgicos propiamente dichos y, con ellos, la preparaciĂłn inmediata para la ordenaciĂłn sacerdotal. En los estudios de TeologĂa se daba particular importancia a la Sagrada Escritura, al estudio de los escritos de los Padres de la Iglesia, tanto en sus comentarios a las Escrituras, como a los tratados dogmĂĄticos y, finalmente, estudiaban los cĂĄnones de los Concilios.
Como resumĂa el Concilio de Toledo, los candidatos al sacerdocio debĂan dominar el Salterio, los cĂĄnticos e himnos y el modo de bautizar. Finalmente, señalemos, que San Isidoro, en su obra âDe Ecclesiasticis officiisâ se saltĂł la doctrina del Arcano, como decĂan los antiguos escritores eclesiĂĄsticos, y estampĂł, en el capĂtulo 24, la regla de la fe. Es decir, el credo que aprendĂan de memoria y grababan en el corazĂłn, pasĂł a ser del dominio pĂșblico.
Entre los libros que no podĂan faltar tanto en los monasterios como en las escuelas y que era preciso copiar para poder tenerlos en la biblioteca, estaban en primer lugar la Sagrada Escritura, las colecciones de cĂĄnones de la Iglesia, los libros de Sentencias de san Isidoro, los Comentarios de Gregorio de Elvira y de Justo de Urgel al Cantar de los Cantares, las obras de Apringio y el comentario del Beato de LiĂ©bana al Apocalipsis; las obras de TajĂłn, san Ildefonso de Toledo y San JuliĂĄn y, por supuesto, los libros exegĂ©ticos de san Isidoro incluidos en las EtimologĂas.
Al referirse a las Ăłrdenes sagradas el Concilio VIII de Toledo establecĂa lo siguiente: «Cuando se ordenen los presbiterios para ir a las parroquias, deben recibir de su obispo el libro oficial para que vayan instruidos a las iglesias que se les ha confiado, a fin de que por su ignorancia no sean irreverentes con los divinos sacramentos». AsĂ pues, en Hispania, en aquella Ă©poca, se disponĂa de libros suficientes.
Otras obras
Volvamos sobre las obras de san Isidoro de Sevilla donde se completan los perfiles de la formaciĂłn sacerdotal y señalemos los mĂĄs sobresalientes. Efectivamente, en el âLibro de las Sentenciasâ redactado por san Isidoro se encuentra delineada la figura del sacerdote y por tanto de la formaciĂłn sacerdotal que se quiere conferir a los candidatos. En Ă©l hablaba del sacerdote como un hombre de Dios, afable y caritativo, sensible hacia los pobres y los que sufren, modesto, obediente, entregado a la oraciĂłn y al silencio y, finalmente, aficionado a las lecturas de los mĂĄrtires y santos.