Con la apertura de la Ășltima Puerta Santa, la de la BasĂlica Papal de San Pablo Extramuros por el Cardenal Arcipreste James Michael Harvey el domingo 5 de enero, se puede decir que el Año Santo 2025 ha comenzado definitivamente en todo el mundo.
La primera Puerta Santa abierta, como se recordarĂĄ, fue la de la BasĂlica de San Pedro, en la noche del 24 de diciembre por el Papa Francisco. Dos dĂas despuĂ©s, en la fiesta de San Esteban, el PontĂfice quiso tambiĂ©n abrir excepcionalmente una Puerta Santa en la cĂĄrcel Rebibbia de Roma, como gesto de cercanĂa a todos los que cumplen penas de prisiĂłn.
El 29 de diciembre, coincidiendo con la apertura de la Puerta Santa de la BasĂlica Papal de San Juan de LetrĂĄn de manos del Cardenal Vicario para la DiĂłcesis de Roma, Baldassarre Reina, fue el turno de los obispos de las distintas diĂłcesis y circunscripciones eclesiĂĄsticas de iniciar el Año Jubilar en sus respectivas Catedrales y Co-Catedrales. El 1 de enero, Solemnidad de la Bienaventurada Virgen MarĂa Madre de Dios, la Puerta Santa de la BasĂlica de Santa MarĂa la Mayor, donde se venera el icono de la «Salus Populi Romani», tan querido por el PontĂfice reinante, fue abierta por el Cardenal Arcipreste coadjutor Rolandas Makrickas.
Tercer Jubileo del nuevo milenio
Con el Jubileo de este año, nos encontramos en el tercer Jubileo que se celebra en el nuevo milenio, despuĂ©s del Gran Jubileo del año 2000 querido por San Juan Pablo II, y del Año Santo Extraordinario dedicado a la Misericordia proclamado por el Papa Francisco el 13 de marzo de 2015. Como ha recordado el propio Santo Padre en la Bula de convocatoria del actual Jubileo, «Spes non confundit», nos encontramos ante «acontecimientos de gracia», que nacen esencialmente para ofrecer «la experiencia viva del amor de Dios». AdemĂĄs, el Jubileo de este año se proyecta ya hacia el prĂłximo «aniversario fundamental para todos los cristianos», 2033, cuando se celebrarĂĄn los dos mil años de la RedenciĂłn realizada por JesĂșs con su pasiĂłn, muerte y resurrecciĂłn.
Volviendo la mirada a estas recientes «grandes etapas» en el camino de fe del Pueblo de Dios, recorremos los mensajes centrales que los dos Ășltimos pontĂfices que proclamaron un Año Santo -el polaco Wojtyla y el argentino Bergoglio- dirigieron a la Iglesia con ocasiĂłn de la apertura de las Puertas Santas, inspirĂĄndonos en las homilĂas de las misas que dieron inicio a cada Jubileo.
Misterio y acontecimiento Ășnico
Recordamos el Gran Acontecimiento del año 2000, cuando el mundo, y con Ă©l la Iglesia, cruzĂł el umbral del Tercer Milenio. Juan Pablo II abriĂł la Puerta Santa en Nochebuena, el 24 de diciembre de 1999, y en su homilĂa subrayĂł cĂłmo el nacimiento del Hijo unigĂ©nito de Dios, Jesucristo, misterio y acontecimiento Ășnico e irrepetible, habĂa cambiado, «de modo inefable, el curso de los acontecimientos humanos».
Esta era, para el Papa polaco, la verdad que habĂa que transmitir al tercer milenio, junto con la conciencia «de que Dios se hizo Hombre», «para hacer partĂcipe al hombre de su naturaleza divina».
Aquella misma noche resonaron unas palabras clave que todavĂa hoy, veinticinco años despuĂ©s, resultan del todo familiares y contemporĂĄneas: «TĂș eres nuestra esperanza», «¥que nadie quede excluido de su abrazo [del Padre] de misericordia y de paz!».
Por eso, «a los pies del Verbo encarnado ponemos alegrĂas y aprensiones, lĂĄgrimas y esperanzas», con la certeza de que «sĂłlo en Cristo, hombre nuevo, encuentra verdadera luz el misterio del ser humano».
Artesanos del perdĂłn, expertos en misericordia
En el Jubileo de 2015 el Papa Francisco hizo una primera excepciĂłn, abriendo la Puerta Santa en la Catedral de Bangui, periferia geogrĂĄfica y existencial de la RepĂșblica Centroafricana, el 29 de noviembre, al final de su Viaje ApostĂłlico que le habĂa llevado tambiĂ©n a Kenia y Uganda.
Antes de realizar el singular gesto en previsiĂłn del Año Santo de la Misericordia -fijado inicialmente para la solemnidad de la Inmaculada ConcepciĂłn, el 8 de diciembre-, el Santo Padre comparĂł aquel lugar con una «capital espiritual de oraciĂłn por la misericordia del Padre», y pidiĂł gestos de reconciliaciĂłn, perdĂłn, amor y paz, tambiĂ©n para todos aquellos paĂses «que sufren la guerra».
Luego, en su homilĂa, se refiriĂł a la construcciĂłn de una «Iglesia-Familia de Dios, abierta a todos, que se ocupa de los mĂĄs necesitados». En un espĂritu de comuniĂłn, gracias al cual todos se convierten en «artesanos del perdĂłn, especialistas en reconciliaciĂłn, expertos en misericordia».
Por Ășltimo, hizo un llamamiento «a todos los que usan injustamente las armas de este mundo»: «deponed esos instrumentos de muerte; armaos en cambio con la justicia, el amor y la misericordia, autĂ©nticas garantĂas de paz».
Esperanza, don y promesa de acogida
Hace unos dĂas comenzĂł el nuevo Jubileo, con la apertura de la primera Puerta Santa en San Pedro. En su homilĂa, el Papa Francisco subrayĂł -como habĂa hecho su predecesor Wojtyla veinticinco años antes- la buena noticia de un Dios que «se ha hecho uno de nosotros para hacernos semejantes a Ăl», brillando a travĂ©s de la oscuridad del mundo.
Todo esto demuestra que «¥la esperanza no estå muerta, la esperanza estå viva y envuelve nuestras vidas para siempre! La esperanza no defrauda». Un don y una promesa que hay que acoger y anticipar, poniéndose en camino «con el asombro de los pastores de Belén», sin demora, mediocridad, pereza o falsa prudencia.
Una gran responsabilidad, en definitiva, «para redescubrir la esperanza perdida, renovarla en nosotros, sembrarla en las desolaciones de nuestro tiempo y de nuestro mundo».

