A Catholic perspective on current events

Halloween y la religión verdadera

Halloween es, al Día de Todos los Santos, como la reacción infantil de taparse los oídos y empezar a tararear alto una canción para no tener que oír lo que no nos interesa.

Antonio Moreno

31 de October de 2024

Halloween
Una calabaza de Halloween (Pixabay)

«Si no creo en mi religión católica que es la verdadera, ”cuÔnto menos voy a creer en la vuestra!». La paradójica frase con la que dicen que un anciano respondió a la pareja de mormones que tocó a su puerta nos ayuda a entender el también paradójico éxito de Halloween en países de tradición católica.

Al parecer, la cita original corresponde al anticlerical TomƔs Cipriano de Mosquera, presidente colombiano del s. XIX, frente a los protestantes, pero la cultura popular ha tomado la idea para responder a cualquier circunstancia en la que una persona tiene que confrontar sus creencias tradicionales con nuevas propuestas, aunque para ella la fe no sea ya (o no haya sido nunca) especialmente significativa en su vida diaria.

EstÔ bien que desde la Iglesia analicemos lo que hemos hecho mal para que tantos hayan abandonado la fe que le transmitieron sus padres, sus abuelos, sus parroquias o colegios; estÔ bien que revisemos la forma en la que presentamos el Evangelio de palabra y obra para evitar la pérdida de fieles; pero la conocida anécdota descubre que hay también un gran número de ellos que rechaza conscientemente a Dios, porque no le interesa. A pesar de haber (al menos) intuido la verdad revelada por Jesucristo, prefieren ponerse de perfil, vivir como si Dios no existiera, sin mojarse y, claro, sin que esa fe lleve consigo actuar en consecuencia. Es la doble moral farisea, pero al revés.

En este caldo de cultivo, Halloween ha cuajado rÔpidamente porque, al fin y al cabo, la fiesta de las calabazas propone tomar a chufla la muerte, la trascendencia y el mÔs allÔ. Es una fiesta para pasarlo bien con sustos que se quedan en eso. Nos es mÔs cómoda que tener que adentrarnos en la reflexión sobre la inevitabilidad de la muerte, esa realidad que nos aterra y nos llena de incertidumbre. Porque tener que pensar en lo que nos dijo Jesucristo al respecto y que la Iglesia vocea supondría tener que cambiar de vida, dejar de mirarnos a nosotros mismos y empezar a mirar a los demÔs como nos enseña la parÔbola del pobre LÔzaro y el rico Epulón. Halloween es, al Día de Todos los Santos, como la reacción infantil de taparse los oídos y empezar a tararear alto una canción para no tener que oír lo que no nos interesa. Así, pasados los primeros días de noviembre, ya nadie se acordarÔ de la muerte hasta el año que viene y: «a otra cosa, mariposa».

Hollywood y Halloween

Una prueba mĆ”s que desenmascara la doble moral de una sociedad que dice no creer, pero que en el fondo sabe que el mensaje del Evangelio es muy serio, nos la da el cine de terror de Hollywood que se prodiga tambiĆ©n en estos dĆ­as. En las pelĆ­culas de ā€œmiedo miedoā€, no puede faltar una iglesia antigua, una monja o un cura, a ser posible exorcista. Resulta curioso, pues el nĆŗmero de católicos en EEUU no deja de ser una minorĆ­a, pero funciona a nivel de audiencia pues el gran pĆŗblico sospecha que la fuerza espiritual de la Iglesia, por mucho que algunos de sus miembros no seamos ejemplo de nada, tiene mucho de verdad.

Para terminar de sacar a la luz a todos esos ateos o agnósticos solo de cara a la galerĆ­a tambiĆ©n estĆ” el dato del nĆŗmero de personas que pide un funeral religioso para ellos o sus familiares. Nueve de cada diez espaƱoles eligen una despedida Ā«por la IglesiaĀ» a pesar de que sólo cinco de cada diez se declaren católicos. Y es que, oiga, a la hora de morirse conviene no andarse con tonterĆ­as no vaya a ser que…

Algo parecido debió pensar el icónico actor francés Alain Delon, fallecido este verano, cuando mandó ser enterrado tras un funeral católico en la capilla privada que se hizo construir en su finca, a pesar de no haberse distinguido por su prÔctica religiosa. Manifestaba, eso sí, tener pasión por la Virgen y hablar mucho con ella. ”Seguro que María le habrÔ echado una mano para llegar a su Hijo!

Finalmente, cuando sale el tema de los fariseos inversos –descreĆ­dos por fuera, pero creyentes por dentro– me gusta siempre recordar la anĆ©cdota que un viejo amigo periodista me contó de los tiempos en que cubrĆ­a la guerra del Sahara junto a otro reportero que presumĆ­a de ateĆ­smo. Un dĆ­a se vieron sorprendidos en medio de fuego cruzado y tuvieron que refugiarse en los bajos de un vehĆ­culo durante cinco interminables minutos en los que se vieron morir. Ā«JamĆ”s he oĆ­do rezar un Padrenuestro con mĆ”s fe y devociónā€ –recordaba mi amigo– ā€œcomo el que escuchĆ© rezar aquel dĆ­a a mi colega, el que se jactaba de ser ateoĀ».  

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