El Papa Francisco no cesa de hacer llamamientos a la paz. Lo hace prĂĄcticamente cada dĂa, expresando en las distintas circunstancias de su ministerio el profundo deseo de detener las guerras, derribar los muros del odio y construir puentes de fraternidad. En estos dĂas, particularmente intensos por lo que estĂĄ sucediendo en Oriente Medio -sin olvidar la «atormentada Ucrania» y otras poblaciones-, su mensaje de paz ha resonado con mĂĄs fuerza si cabe, en los contextos mĂĄs diversos.
Del SĂnodo
Empezando por la Misa de apertura de la XVI Asamblea General Ordinaria del SĂnodo de los Obispos, el 2 de octubre, en la que el Papa instĂł a la Iglesia a escuchar al EspĂritu Santo para encontrar la armonĂa en las diferencias. Hablando de los «vientos de guerra y los fuegos de la violencia» que siguen asolando el mundo, Francisco invitĂł a todos a hacer de la Iglesia un refugio, un lugar de acogida y protecciĂłn. SubrayĂł lo fundamental que es para el camino sinodal escuchar la voz de Dios, el Ășnico que puede guiar al pueblo cristiano hacia soluciones de paz y unidad. «Las soluciones a los problemas que hay que afrontar no son nuestras, sino Suyas», reiterĂł, recordando la importancia de proceder con humildad, especialmente en este tiempo marcado por conflictos y divisiones.
En el Ăngelus
Como Ă©l mismo anunciĂł, tambiĂ©n el domingo por la tarde, acompañado por los Padres sinodales, el Papa se dirigiĂł a la BasĂlica de Santa MarĂa la Mayor para rezar un Rosario por la paz. Ante el icono de la Salus Populi Romani, Francisco implorĂł a la Virgen MarĂa que intercediera por el mundo, para que finalmente se cumpliera la profecĂa de IsaĂas: «RomperĂĄn sus espadas y harĂĄn de ellas arados, de sus lanzas harĂĄn guadañas; una naciĂłn no alzarĂĄ la espada contra otra naciĂłn, ya no aprenderĂĄn el arte de la guerra» (Is 2,4). A continuaciĂłn, volviĂł a expresar la necesidad de desarmar no sĂłlo las armas fĂsicas, sino tambiĂ©n los corazones, para que cese la violencia y se abra el camino de la reconciliaciĂłn.
A los cristianos de Oriente PrĂłximo
En la jornada de oraciĂłn y ayuno por la paz del 7 de octubre, el Papa no quiso dejar de mostrar su cercanĂa a los catĂłlicos de Oriente Medio, con una sentida carta en la que se mostraba comprensivo con el sufrimiento directo e indirecto causado por la guerra. RepitiĂł que todo conflicto representa una «derrota» e instĂł a los cristianos a no cansarse de pedir a Dios la paz. La gente de hoy no sabe cĂłmo encontrar la paz», escribiĂł, ây los cristianos no debemos cansarnos de pedirlaâ. Y añadĂa una fuerte llamada a la esperanza: «No os dejĂĄis tragar por las tinieblas, sino que os convertĂs en brotes de esperanza».
En la Audiencia General
Por Ășltimo, en la audiencia general de este miĂ©rcoles 9 de octubre, reanudando el ciclo de catequesis sobre el EspĂritu Santo, el PontĂfice reflexionĂł precisamente sobre el papel del EspĂritu en la creaciĂłn de la unidad dentro de la Iglesia. RecordĂł cĂłmo el EspĂritu, en tiempos de los ApĂłstoles, moviĂł a la Iglesia a extenderse mĂĄs allĂĄ de las fronteras del pueblo judĂo, superando las divisiones entre judĂos y gentiles. Del mismo modo, hoy el EspĂritu sigue trabajando por la unidad entre los pueblos y entre los cristianos, enseñando que la unidad no se construye en torno a uno mismo, sino en torno a Cristo. A continuaciĂłn, confiĂł a la «bondadosa madre» MarĂa, «el deseo de paz de los pueblos que sufren la locura de la guerra».

