ĀæCómo comunicar y educar desde una perspectiva cristiana? ĀæEs exactamente igual que hacerlo al margen de la fe o con criterios Ćŗnicamente āprofesionalesā?
Entre las enseñanzas de Francisco en las pasadas semanas, hemos escogido tres temas que estÔn interconectados: la adoración, la comunicación y la educación.
Adorar: āarrodillar el corazónā
La enseƱanza central del Papa Francisco durante la Navidad ha sido la necesidad de la adoración. Ya en su discurso a la curia romana para felicitar la Navidad (21-XII-2023) se referĆa a āescuchar con el corazónā o āescuchar de rodillasā.Ā
āEscuchar con el corazón es mucho mĆ”s que oĆr un mensaje o intercambiar información; es una escucha interna capaz de interceptar los deseos y necesidades de los demĆ”s, una relación que nos invita a superar esquemas y vencer los prejuicios en los que a veces encasillamos la vida de quienes nos rodeaā.
Como MarĆa hemos de escuchar āde rodillasā, es decir, ācon humildad y asombroā.
āEscuchar āde rodillasāā āseƱala el Papaā āes la mejor manera de escuchar de verdad, porque significa que no estamos delante del otro en la posición de quien cree que ya lo sabe todo, de alguien que ya ha interpretado las cosas antes incluso de escuchar, de alguien que mira de hacia abajo sino, por el contrario, nos abrimos al misterio del otro, dispuestos a recibir con humildad lo que quiera enseƱarnosā.
A la hora de escuchar, sigue explicando Francisco, a veces somos como lobos que estĆ”n siempre intentando devorar cuanto antes las palabras del otro, con nuestras impresiones y juicios. āEn cambio, para escucharse unos a otros se necesita silencio interior, pero tambiĆ©n un espacio de silencio entre escuchar y responderā.
Y todo esto se aprende en la oración:āTodo esto lo aprendemos en la oración, porque ensancha el corazón, hace bajar de su pedestal nuestro egocentrismo, nos enseƱa a escuchar a los demĆ”s y genera en nosotros el silencio de la contemplación. Aprendemos la contemplación en la oración, arrodillĆ”ndonos ante el SeƱor, pero no sólo con las piernas, Ā”arrodillĆ”ndonos con el corazón!ā
El arte de escuchar se aprende, en suma, cuando se dejan aparte los prejuicios, con apertura y sinceridad, ācon el corazón de rodillasā.
Esto nos ayuda a otro arte, el āarte del discernimientoā: āEse arte de la vida espiritual que nos despoja de la pretensión de saberlo todo, del riesgo de pensar que basta con aplicar las reglas, de la tentación de seguir adelante [ā¦] simplemente repitiendo patrones, sin considerar que el Misterio de Dios siempre nos supera y que la vida de las personas y la realidad que nos rodea son y serĆ”n siempre superiores a las ideas y teorĆas. La vida es superior a las ideas, siempre. Necesitamos practicar el discernimiento espiritualā.
Todo ello nos facilitarĆ” ejercer tambiĆ©n el discernimiento a nivel pastoral. āLa fe cristiana ārecordĆ©mosloā no quiere confirmar nuestras seguridades, ni acomodarnos en certezas religiosas fĆ”ciles, ni darnos respuestas rĆ”pidas a los complejos problemas de la vidaā.
Contemplación, asombro, adoración
La adoración vuelve a ocupar un lugar central en la homilĆa de Nochebuena (24-XII-2023). Lo primero, apunta el Papa, es contemplarĀ el modo en que Dios se encarna, tomando el camino de la humildad y de la pequeƱez, en un mundo en que con frecuencia lo importante es el poder y la fuerza. Por eso, āĀ”quĆ© arraigada estĆ” en nosotros la idea mundana de un Dios alejado y controlador, rĆgido y poderoso, que ayuda a los suyos a imponerse sobre los demĆ”s! [ā¦] Ćl ha nacidoĀ āpara todosā, durante el censo deĀ ātoda la tierraāā. Al mirar la ternura de Dios, su rostro en ese NiƱo, vemos que es Dios de ācompasión y misericordia, omnipotente siempre y solo en el amorā. Ese es el modo de ser de Dios.
De la contemplación surge, pues, el asombro. Ante Dios cada uno no somos un nĆŗmero de un censo, sino que nuestro nombre estĆ” escrito en su corazón. Y nos dice: āPor ti me hice carne, por ti me hice como tĆŗā. Y la consecuencia: āĆl, que se hizo carne, no espera de ti tus resultados exitosos, sino tu corazón abierto y confiado. Y tĆŗ en Ćl redescubrirĆ”s quiĆ©n eres: un hijo amado de Dios, una hija amada de Dios. Ahora puedes creerlo, porque esta noche el SeƱor vino a la luz para iluminar tu vida y sus ojos brillan de amor por tiā.āCristo no mira nĆŗmeros sino rostrosā. Pero ĀæquiĆ©n lo mira a Ćl?
De ahĆ la necesidad de la adoración, que es āel camino para acoger la Encarnaciónā. Lo seƱala el Papa:āAdorar no es perder el tiempo, sino permitirle a Dios que habite en nuestro tiempo. Es hacer que florezca en nosotros la semilla de la encarnación, es colaborar con la obra del SeƱor, que como fermento cambia el mundo. Adorar es interceder, reparar, permitirle a Dios que enderece la historiaā.Y sobre todo ante la EucaristĆa, como escribe Tolkien: āPongo delante de ti lo que hay en la tierra digno de ser amado: el Bendito Sacramento. En Ć©l hallarĆ”s el romance, la gloria, el honor, la fidelidad y el verdadero camino a todo lo que ames en la tierraā (J.R.R. Tolkien,Ā CartaĀ 43, marzo 1941).
Comunicar: ādesarmar el lenguajeā
Otro tema, sobre el que vuelve con frecuencia el obispo de Roma, es la comunicación. En un Discurso a la Asociación de los periodistas católicos alemanes (4-I-2024), les propone, en el contexto de nuestra comunicación conflictiva e inundada de declaraciones incendiarias, la desmilitarización del corazón y el ādesarme del lenguajeā:
āEsto es fundamental: fomentar tonos de paz y comprensión, construir puentes, estar disponibles para escuchar, ejercer una comunicación respetuosa hacia el otro y sus razones. Esto es urgente en la sociedad, pero tambiĆ©n la Iglesia necesita una comunicación āamable y al mismo tiempo profĆ©ticaāā.
Dimensión espiritual y visión universal
Les recuerda Francisco dos propuestas de su Carta al Pueblo de Dios que peregrina en Alemania (2019). En primer lugar, el cuidado de la dimensión espiritual. Es decir,āla adaptación concreta y constante al Evangelio y no a los modelos del mundo, redescubriendo la conversión personal y comunitaria a travĆ©s de los Sacramentos y la oración, la docilidad al EspĆritu Santo y no al espĆritu de los tiemposā.
Y en segundo lugar la dimensión universal, católica, āpara no concebir la vida de fe como algo relativo sólo al propio Ć”mbito cultural y nacional. La participación en el proceso sinodal universal es buena desde este punto de vistaā.
En esta doble perspectiva, los comunicadores católicos tienen un valioso papel: āProporcionando informaciones correctas, pueden ayudar a aclarar malentendidos y, sobre todo, evitar que surjan, ayudando a la comprensión mutua y no a las oposicionesā. No deben mantenerse āneutralesā respecto al lenguaje que transmiten, sino āponerse en juegoā, implicarse para poder ser un punto de referencia. Para ello se necesitan tambiĆ©n ācomunicadores que den relieve a las historias y a los rostros de aquellos a los que pocos o nadie prestan atención. [ā¦] Ā”aunque hacerlo signifique ir contracorriente y desgastar las suelas de sus zapatos!ā.
Testimonio, valentĆa, mirada amplia
En otro discurso a responsables de la comunicación en diócesis e instituciones eclesiales (12-I-2024), les ha invitado a ir a āla raĆz de lo que comunicamos, la verdad que estamos llamados a testimoniar, la comunión que nos une en Jesucristoā; tambiĆ©n a āno caer en el error de pensar que el objeto de nuestra comunicación sean nuestras estrategias o empresas individualesā, āno cerrarnos en nuestras soledades, en nuestros miedos o ambicionesā, āno apostarlo todo por el progreso tecnológicoā.
Hay que ser realistas: āEl desafĆo de la buena comunicación es hoy mĆ”s complejo que nunca, y estĆ” el riesgo de afrontarlo con una mentalidad mundana: con la obsesión del control, del poder, del Ć©xito; con la idea de que los problemas son ante todo materiales, tecnológicos, organizativos, económicosā.
Realismo es tambiĆ©n, y a ello les animó, a āpartir desde el corazónā: escuchar, comunicar, ver con el corazón cosas que otros no ven, compartirlas y contarlas venciendo una perspectiva puramente mundana.
Comunicar para nosotros no es solo cuestión de marketing o de tĆ©cnica: āes estar en el mundo para hacerse cargo del otro, de los otros, y hacerse todo para todos; y compartir una lectura cristiana de los acontecimientos; y no rendirse a la cultura de la agresividad y la denigración; construir una red para compartir el bien, la verdad y la belleza por medio de relaciones sinceras; e implicar en nuestra comunicación a los jóvenesā.
Quiso el sucesor de Pedro dejar a estos comunicadores tres palabras: testimonio, valentĆa y mirada amplia. El testimonio hace creĆble y atractiva nuestra comunicación. Les dijo que tras la vergüenza de los abusos (sexuales), en paĆses como Francia, la Iglesia estĆ” viviendo un camino de purificación; pero los momentos mĆ”s oscuros son los que preceden a la luz. Les aconsejó trabajar con creatividad, acogida y fraternidad hacia todos.Ā
āLa valentĆa que viene de la humildad y de la seriedad profesional, y que hace de vuestra comunicación una red coherente y al mismo tiempo abierta, extrovertidaā. Esta ha de ser vuestra valentĆa, les dijo el Papa. āAunque los destinatarios puedan pareceros indiferentes, a veces crĆticos, incluso hostiles, no os desanimĆ©is. No les juzguĆ©is. Compartir la alegrĆa del Evangelio, el amor que nos hace conocer a Dios y entender el mundoā, porque muchos hoy tienen sed de Dios y lo buscan tambiĆ©n a travĆ©s de nosotros.
āMirada ampliaā, finalmente. āMirar al mundo entero en su belleza y complejidad. En medio de las murmuraciones de nuestro tiempo, de la incapacidad de ver lo esencial, de descubrir que lo que nos une es mĆ”s grande que lo que nos divide; y que se comunica con la creatividad que nace del amor. [⦠] Todo se vuelve mĆ”s claro -tambiĆ©n nuestra comunicación- desde un corazón que ve con amorā.
Educar: hacia un verdadero humanismo
En su discurso a la Federación Internacional de Universidades católicas (FIUC), el 19 de enero, Francisco se congratuló por el centenario de sus raĆces, en tiempos de PĆo XI y PĆo XII. De esas raĆces, seƱaló, emergen dos aspectos que el Papa Bergoglio deseaba subrayar.
En primer lugar el trabajo en red. Les propuso la āaudacia de ir contracorriente, globalizando la esperanza, la unidad y la concordia, en vez de la indiferencia, de las polarizaciones y de los conflictosā.
Segundo, ser instrumentos para āconciliar y confirmar la paz y la caridad entre los hombresā (PĆo XII, Carta Catholicas studiorum universitates, 1949), y hacerlo hoy, que estamos en un escenario de guerra (āla tercera guerra mundial a pedazosā) de modo interdisciplinar.
Pasión educativa
En la carta magna de las universidades católicas, la Constitución apostólica Ex corde Ecclesiae (1990), Juan Pablo II comenzaba diciendo que nacen ādel corazón de la Iglesiaā (y no solo de la inteligencia cristiana), porque son expresión del amor que anima la acción de la Iglesia. Especialmente en estas universidades debe verse quĆ© y cómo es un proyecto educativo:
āUn proyecto educativo āseƱala Franciscoā no se basa solo en un programa perfecto, ni en un equipamiento eficiente, ni en una buena gestión corporativa. En la universidad debe palpitar una pasión mĆ”s grande, se debe notar una bĆŗsqueda comĆŗn de la verdad, un horizonte de sentido, y todo esto vivido en una comunidad de conocimiento donde la generosidad del amor, por asĆ decirlo, es palpableā.
Parafraseando a Hannah Arendt (que estudió el amor como deseo en la obra de san AgustĆn), exhortó el Papa a no sustituir el deseo con el funcionalismo o la burocracia. En ese sentido āno es suficiente conceder tĆtulos acadĆ©micos, es necesario despertar y custodiar en cada persona el deseo de ser.ā Tampoco basta diseƱar carreras competitivas, sino que āse debe promover el descubrimiento de vocaciones fecundas, inspirar caminos de vida autĆ©ntica e integrar la aportación de cada uno dentro de las dinĆ”micas creativas de la comunidadā.Y aludiendo a un tema bien actual aƱadió āEs verdad que se debe pensar en la inteligencia artificial, pero tambiĆ©n en aquella espiritual, sin la cual el hombre permanece como un extraƱo para sĆ mismoā.
La universidad es un recurso indispensable para no vivir solamente āal compĆ”s de los tiemposā, aplazando la responsabilidad que representan las grandes necesidades humanas y los sueƱos de la juventud.
Aludiendo a una fĆ”bula de Kafka, pidió que la universidad no se deje llevar por el miedo, encerrĆ”ndose en una burbuja de seguridad pero de espaldas a la realidad. āEl miedo devora el almaā.
āSaber por saberā, decĆa Unamuno, āes inhumanoā. La tarea de toda universidad ha de vivirse con clarividencia por parte de una universidad católica: āDebe tomar una postura y demostrarlo con sus acciones de un modo transparente, āmancharse las manosā evangĆ©licamente en la transformación del mundo y al servicio de la persona humanaā.
En otros tĆ©rminos, se trata deātraducir culturalmente, con un lenguaje abierto a las nuevas generaciones y a los nuevos tiempos, la riqueza de la inspiración cristiana, identificar las nuevas fronteras del pensamiento, de la ciencia y de la tĆ©cnica y asumirlas con equilibrio y sabidurĆa [ā¦], construir alianzas intergeneracionales e interculturales en favor del cuidado dela casa comĆŗn, de una visión de ecologĆa integral que de una efectiva respuesta al grito de la tierra y al grito de los pobresā.
Todo un programa, en efecto, no sólo para las universidades católicas, sino para cualquier institución educativa de inspiración católica (y en general cristiana).