Las lecturas de la Misa de hoy nos ofrecen varios ejemplos de respuesta a la vocación. En la primera lectura, oĆmos hablar de la llamada de Samuel. DespuĆ©s de que su madre, inicialmente estĆ©ril, rezara intensamente, tuvo milagrosamente un hijo, que entregó a Dios. Samuel comenzó a servir a Dios en circunstancias difĆciles: Israel estaba siendo atacado por los bĆ”rbaros filisteos, su sacerdote del templo, ElĆ, estaba envejeciendo y sus dos hijos vivĆan mal.
Pero en medio de este sombrĆo panorama, el pequeƱo Samuel permaneció fiel; podemos imaginar que su madre continuaba rezando por Ć©l. Mientras los dos hijos de ElĆ dormĆan por la noche con mujeres y lejos de Dios, Samuel dormĆa en el templo cerca de Ćl. Y estaba dispuesto a escuchar a Dios, aunque necesitaba la guĆa de un guĆa mĆ”s experimentado, ElĆ, para que le explicara aquella voz misteriosa que oĆa. Una madre que reza, un hijo que intenta estar cerca y escuchar a Dios, aunque no es muy hĆ”bil para saber lo que Dios le dice, por eso necesitaba un guĆa espiritual. Nosotros tambiĆ©n necesitamos dirección espiritual, tanto para conocer como para vivir nuestra vocación. Samuel llegarĆa a la madurez y se convertirĆa en un gran juez de Israel.
En el Evangelio de hoy tambiĆ©n tenemos una historia vocacional. Vemos la llamada de dos hombres: AndrĆ©s y otro, quizĆ” Juan el apóstol. Como Samuel, estos tambiĆ©n buscaban un guĆa. Buscaban la verdad y asĆ encontraron el camino hacia Juan el Bautista, que les seƱaló a JesĆŗs. Como Samuel, no sabĆan reconocer a Dios cuando les hablaba. Cuando JesĆŗs se volvió y les preguntó quĆ© buscaban, solo pudieron responder con el confuso āRabĆ, Āædónde vives?ā. Pero, como Samuel, tuvieron el buen sentido de aceptar la invitación. Samuel, durmiendo en el templo, intentaba vivir con Dios. JesĆŗs invitó a estos dos a venir a ver dónde vivĆa: en otras palabras, a compartir su vida. Pasaron el resto del dĆa con JesĆŗs: una experiencia de oración, de hablar con Ćl y escucharle.
Como habĆan pasado este tiempo con JesĆŗs -que es oración, escucha y conversación con JesĆŗs-, estaban dispuestos a responder a su llamada. Si rezamos, seguiremos a JesĆŗs. Si no, no lo haremos. Y no solo eso, sino que AndrĆ©s encontró inmediatamente a su hermano Simón (Pedro). La oración y el tiempo con JesĆŗs nos llevan necesariamente a compartirlo con los demĆ”s: la oración lleva a la evangelización.
La homilĆa sobre las lecturas del domingo II del Tiempo Ordinario (B)
El sacerdoteĀ Luis Herrera CampoĀ ofrece suĀ nanomilĆa, una pequeƱa reflexión de un minutos para estas lecturas del domingo.