Osio fue uno de los personajes de la Iglesia mƔs influyentes en la sociedad cristiana en tiempos del emperador Constantino y de sus dos inmediatos sucesores.
San Atanasio, amigo suyo, le llama en varias ocasiones el grande, el confesor de Cristo, el anciano venerable. El historiador Eusebio de Cesarea dice de Ć©l que Constantino lo tenĆa por el personaje cristiano mĆ”s eminente de su tiempo.
Consagrado obispo de Córdoba en el año 295, asistió al Concilio de Elvira en el año 300 y, tres años después, fue confesor de la fe durante la persecución de Maximino.
En la corte de Constantino
A partir de los aƱos 312-313 se encuentra en la corte de Constantino como consejero en materia religiosa. Eusebio de Cesarea dice que la visión que tuvo Constantino en sueƱos antes de la victoria del Puente Milvio, fue la que le determinó a llamar a su lado a los sacerdotes de aquel Dios, en cuyo signo se le habĆa manifestado que vencerĆa. Su influjo en la conversión de Constantino y de su instrucción doctrinal debió de ser decisivo.
Entre los aƱos 312-325 Osio acompañó constantemente a la corte del emperador. Debió de inspirar el Edicto de MilĆ”n (que concedió a los cristianos la libertad completa y la devolución de los edificios que les habĆan sido confiscados y la inmunidad eclesiĆ”stica otorgada al clero), la derogación del decreto romano contra el celibato, el edicto dirigido a la manumisión de esclavos en la Iglesia y la autorización a las comunidades cristianas para recibir donaciones y legados.
San AgustĆn, en su obra contra el donatista Parmeniano, recordaba en su tiempo a los supervivientes de la herejĆa donatista que, gracias al obispo de Córdoba, las penas contra ellos habĆan sido menos severas de lo que en un principio se hubiera podido prever. En los concilios de Roma del 313 y de ArlĆ©s, del 314, habĆan sido condenados los donatistas y rechazada su teorĆa de que la validez de los sacramentos depende de la dignidad del ministro (el cisma habĆa nacido al impugnar la ordenación de Ceciliano bajo el pretexto de que su consagrante FĆ©lix era un traditor -acusación que despuĆ©s resultó falsa- y que por ello habĆa perdido la potestad del orden).
Los donatistas no aceptaron las decisiones de los dos concilios y por ello intervino el emperador y en el 316 declaró inocente a Ceciliano y mandó confiscar las iglesias a los donatistas. Estas medidas hubieron de moderarse en el año 321. Debió de aconsejar en estas medidas Osio al emperador.
Una escuela griega que cultivó con exceso la exĆ©gesis y la dialĆ©ctica sin la debida profundidad y una serie de deducciones erróneas indujeron al presbĆtero de AlejandrĆa Arrio āel representante mĆ”s genuino de dicha escuela- a afirmar que el Hijo engendrado por el Padre no podĆa tener la misma substancia ni ser eterno como Ćl.
Osio y san Atanasio
En el aƱo 324, Osio fue enviado por Constantino a AlejandrĆa siendo hospedado por el obispo de AlejandrĆa, Alejandro. Por entonces comenzó la amistad entre Osio y Atanasio, entonces diĆ”cono.
Osio, impresionado por la gravedad de la situación, pues se trataba nada menos que de la negación de la Divinidad del Verbo, vuelve a la corte de Constantino (entonces en Nicomedia), convencido de la ortodoxia de las enseñanzas del obispo Alejandro. Es probable que aconsejase a Constantino la convocatoria de un Concilio.
Osio asiste al Concilio de Nicea, cuyas sesiones preside, probablemente en nombre del Papa, con los sacerdotes romanos Vito y Valente. SegĆŗn san Atanasio corresponde a Osio en buena parte la proposición de incluir el tĆ©rmino homousion, consustancial, en el SĆmbolo niceno. Y no solo eso; san Atanasio, testigo ocular, afirma expresamente que el redactor del Credo de Nicea fue Osio.
En el aƱo 343 preside el Concilio de SƔrdica, en el que se trata de volver a la unidad rota por los arrianos. Pero estos no aceptan las propuestas de paz, destinadas casi todas ellas a evitar las ambiciones eclesiƔsticas, y se retiran del concilio y declaran depuestos a Osio y al Papa Julio I.
Defensor de la fe ante Constancio
Constancio, hijo de Constantino, al morir, en el aƱo 350, su hermano Constante, comenzó a aplicar en sus dominios la polĆtica religiosa ya seguida en Oriente, de franca simpatĆa hacia los arrianos. Dos obispos arrianos -Ursacio y Valente -, indujeron a Constancio a desterrar al Papa Liberio y a arremeter contra Osio.
Constancio escribió a Osio ordenĆ”ndole que compareciera ante Ć©l (se hallaba el emperador en MilĆ”n). Osio compareció ante Constancio, que le importunó para que se comunicara con los arrianos y escribiera contra los ortodoxos. Pero, como escribió Atanasio, el anciano… reprendió a Constancio y le disuadió de su intento, volviĆ©ndose inmediatamente a su patria y a su Iglesia.
MĆ”s adelante le volvió a escribir el emperador con amenazas, a lo que contestó Osio con una carta en la que, entre otras cosas, decĆa a Constancio: Ā«Yo confesĆ© a Cristo ya una vez, cuando tu abuelo Maximiano suscitó la persecución. Y si tĆŗ me persiguieres, pronto estoy a padecer todo antes que derramar sangre inocente y ser traidor a la verdad… CrĆ©eme, Constancio, a mĆ, que por la edad podĆa ser tu abuelo⦠¿Por quĆ© sufres a Valente y a Ursacio, que en un momento de arrepentimiento confesaron por escrito la calumnia que habĆan levantado?… Desiste, pues, y acuĆ©rdate que eres mortal.
Teme el dĆa del juicio y consĆ©rvate puro para Ć©l. No te entrometas en los asuntos de la Iglesia ni nos mandes sobre asuntos en que debes ser instruido por nosotros. A ti te dio Dios el imperio; a nosotros nos confió la Iglesia. EstĆ” escrito: ‘Dad al CĆ©sar lo que es del CĆ©sar y a Dios lo que es de Dios’. Por tanto, ni a nosotros es lĆcito tener el imperio en la tierra, ni tĆŗ, Ā”oh reyĀ”, tienes potestad en las cosas sagradas…Ā».
De nuevo intimó el emperador a Osio que compareciese en su presencia. El anciano Osio emprendió su viaje y, hacia el verano del 356 o del 357, llegó a Sirmio, donde se encontró con Constancio. AquĆ le confinó este todo un aƱo durante el cual, segĆŗn testimonios de varios arrianos que componĆan la camarilla de Constancio (Germinio, Ursacio, Valente y Potamio, que se hallaban en Sirmio), Osio cedió ante el arrianismo.
Muerte de Osio
San Atanasio estaba por entonces entre los monjes de Egipto y san Hilario desterrado en la diócesis polĆtica de Asia. En escritos de estos Padres se recoge la idea, propagada por los arrianos, lo que invita a sospechar que tales escritos fueron interpolados por arrianos o sus autores se hicieron eco de lo dicho por los arrianos que presenciaron los hechos. En uno de los escritos de Atanasio, probablemente interpolado, se dice: Ā«Hizo Constancio tanta fuerza al anciano Osio y le detuvo tanto tiempo a su lado que, oprimido este, comunicó a duras penas con los secuaces de Valente y Ursacio, pero no suscribió contra Atanasio. Mas no olvidó esto el anciano, pues estando para morir, declaró como en testamento que habĆa sido forzado y anatemizó la herejĆa arriana y exhortó a que nadie la recibieraĀ».
El nombre se ha escrito en latĆn, Hosius, derivado, al parecer, del griego Osios (santo), pero la transmisión manuscrita da Ossius, que conduce a la forma espaƱola Osio.
Toda la vida de Osio se concentró en la defensa de la doctrina católica por medio de la palabra y de la acción. De ahĆ probablemente la escasez de su producción literaria. Se nos conserva de Ć©l una hermosa carta llena de entereza, dirigida al emperador Constancio en 354, de la que se han reproducido antes algunos pĆ”rrafos. SegĆŗn san Isidoro dejó, ademĆ”s, una epĆstola a su hermana en alabanza de la virginidad (De laude virginitatis) y una obra acerca de la interpretación de las vestiduras sacerdotales en el Antiguo Testamento (De interpretatione vestium sacerdotalium), que no llegaron a nosotros.
Su muerte debió de tener lugar en el invierno del 357/358. La Iglesia griega le venera el 27 de agosto.