El anuncio de la renovación del acuerdo chino-vaticano para el nombramiento de obispos parece inminente. El acuerdo, firmado en 2018 y renovado en 2020 por otros dos aƱos āad experimentumā, nunca se ha hecho pĆŗblico. Hasta ahora ha permitido el nombramiento de seis obispos con la doble aprobación de PekĆn y la Santa Sede, aunque en dos de ellos los procedimientos de nombramiento ya habĆan comenzado con anterioridad. No es un equilibrio emocionante. El Papa, sin embargo, parece querer avanzar en este camino de diĆ”logo. Y ha seguido tendiendo la mano a China. Mientras tanto, se celebra un juicio en Hong Kong contra el cardenal Joseph Zen Ze-kiun, acusado de connivencia con fuerzas extranjeras.Ā
¿CuÔl es la posición de la Santa Sede? ¿Y por qué sigue el camino de un acuerdo?
El juicio del Cardenal Zen y la mano tendida del Papa
El juicio del cardenal Joseph Zen comenzó el 26 de septiembre. El cardenal habĆa sido detenido el 11 de mayo, y posteriormente puesto en libertad bajo fianza. Se le acusa de injerencia extranjera, en particular por participar en un fondo de ahorro para ayudar a los manifestantes detenidos en las protestas de 2019. El fondo ya se habĆa disuelto en 2021.
La Santa Sede hizo saber inmediatamente que se habĆa enterado ācon preocupaciónā de la detención del cardenal Zen. Sin embargo, la detención no ha interrumpido las lĆneas de diĆ”logo abiertas para la renovación del acuerdo chino-vaticano.
Por parte del Vaticano, hubo voluntad de hacer algunos cambios en el acuerdo. Por parte de China, en cambio, hubo una voluntad de continuar el acuerdo tal y como estaba. Al final, parece que serÔ esta segunda opción la que salga adelante.
En cambio, para el cardenal Zen, la Santa Sede seguirĆ” vigilando la situación, pero intentarĆ” no interferir. Y esto a pesar de las protestas de los propios cardenales. En particular, el cardenal Gerhard Ludwig Muller, prefecto emĆ©rito de la Congregación para la Doctrina de la Fe, habĆa planteado durante el Consistorio de los dĆas 29 y 30 de agosto el hecho de que dentro de un mes se celebrarĆa un juicio injusto contra el cardenal, reclamando una postura firme. Esta postura no tuvo lugar.
El camino del diƔlogo
La razón por la que no hubo oposición se explica entonces por lo ocurrido durante el viaje del Papa Francisco a KazajistÔn del 13 al 15 de septiembre. Durante el viaje, el Papa Francisco quiso tender la mano a China. Lo hizo a su regreso a KazajistÔn, recalcando a los periodistas que siempre estaba dispuesto a ir a China, y también lo hizo de manera informal, buscando la manera de reunirse con el presidente Xi en AstanÔ, cuando tanto él como el presidente chino estaban en la capital kazaja.
Este encuentro no se produjo, aunque la parte china hizo saber que se apreciaba la voluntad del Papa, asĆ como las propias palabras del Papa sobre China. Era una seƱal de que las negociaciones habĆan ido bastante bien, compatibles con las diferentes necesidades, y de que se estaba avanzando hacia la firma de un acuerdo.
TambiĆ©n durante el viaje a KazajstĆ”n, el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado del Vaticano, dio muestras de apertura respecto a una posible mejora de las relaciones diplomĆ”ticas con PekĆn, subrayando que siempre estaba abierto a trasladar la ācomisión de estudioā de la Santa Sede sobre China de Hong Kong a PekĆn. Son palabras que tienen peso, y deben leerse como una seƱal de apertura para hablar tambiĆ©n de relaciones diplomĆ”ticas.
Sin embargo, las relaciones diplomĆ”ticas plenas no estĆ”n en el horizonte. Esto implicarĆa la necesidad de reducir las relaciones con TaiwĆ”n, que hasta ahora ha sido un socio fiable para la Santa Sede. No es casualidad que en las celebraciones del 80Āŗ aniversario de las relaciones diplomĆ”ticas entre la Santa Sede y TaiwĆ”n, el 5 de octubre, estuvieran presentes numerosos funcionarios del Vaticano, empezando por el arzobispo Paul Richard Gallagher, Secretario del Vaticano para las Relaciones con los Estados, que pronunció un breve discurso.
Esto explica el hecho de que cuando se le preguntó al cardenal Parolin si la Santa Sede estaba dispuesta a romper las relaciones diplomĆ”ticas con TaiwĆ”n, se limitó a responder: āPor ahora las cosas siguen asĆā.
Al mismo tiempo, sin embargo, Parolin querĆa enviar una seƱal. La idea es que, tras el acuerdo, se inicie una relación mĆ”s estrecha entre la Santa Sede y PekĆn. Se habla de la creación de un comitĆ© conjunto chino-vaticano, que podrĆa reunirse a intervalos fijos para debatir el progreso del acuerdo y quizĆ”s trazar una hoja de ruta para un mayor acercamiento de la Santa Sede a PekĆn.
La renovación del acuerdo
La Ćŗltima ronda de negociaciones conocida entre la Santa Sede y PekĆn tuvo lugar en China los dĆas 28 y 2 de septiembre El lugar era simbólicamente importante, teniendo en cuenta que es una de las diócesis vacantes en China, sin obispo reconocido desde 2005.
La delegación del Vaticano tambiĆ©n visitó al obispo clandestino Melchior Shi Hongzhen, de 92 aƱos. En un mundo en el que todo tiene que leerse simbólicamente, esta fue una fuerte seƱal de la Santa Sede, que mostraba que, a pesar de la voluntad de diĆ”logo, no se habĆa olvidado la situación de los católicos en China.
Por otro lado, la Santa Sede tambiĆ©n apreció la voluntad mostrada por las autoridades chinas. La delegación de la Santa Sede iba, como era consciente, con la idea de poder cambiar ciertas partes del acuerdo, pero tambiĆ©n consciente de que el parón en el diĆ”logo que se habĆa producido a causa de la pandemia era razón suficiente para mantener las cosas como estaban, y como mĆnimo aumentar mĆ”s la cantidad de intercambios.
Tal vez aumente el valor diplomÔtico del acuerdo, pero esto también estÔ por definir. Ciertamente, la Santa Sede parece estar mÔs interesada que China en continuar un proceso de negociación.
La cuestión ucraniana en el fondo
Paradójicamente, la crisis de Ucrania ha acercado de alguna manera a China y a la Santa Sede. En particular, se han destacado las palabras de Zhang Jun, embajador de China ante las Naciones Unidas. En relación con la cuestión ucraniana, Zhang subrayó: āLa posición de China sigue siendo coherente: hay que respetar la soberanĆa y la integridad territorial de cada paĆs, hay que respetar los principios de la Carta de la ONU. China siempre ha estado del lado de la paz, promoviendo la paz y el diĆ”logo, y seguirĆ” desempeƱando un papel constructivoā.
Zhang tambiĆ©n dijo que āla confrontación entre bloqueos y sanciones sólo llevarĆ” a un callejón sin salidaā. La posición china se hace eco de la de la Santa Sede, y tambiĆ©n existe la posibilidad de que Ć©sta encuentre en PekĆn una muleta para llevar a cabo algĆŗn tipo de negociación de paz en Ucrania. La Santa Sede, por su parte, no puede imponer su presencia como fuerza mediadora, y por ahora ni Rusia ni Ucrania pretenden contar con ella.
Aun asĆ, hay muchas actividades informales para tratar de encontrar una solución al conflicto ucraniano, y si la Santa Sede cree que China puede ser un socio fiable, lo sumarĆ” a los acuerdos.
La cuestión del Estrecho de TaiwÔn
La cuestión del Estrecho de TaiwĆ”n es mĆ”s compleja. Al igual que defiende la soberanĆa de Ucrania, la Santa Sede defiende la soberanĆa de TaiwĆ”n.
En su discurso en la recepción por el 80Āŗ aniversario de las relaciones entre TaiwĆ”n y la Santa Sede, el embajador Matthew Lee destacó que āla seguridad en el Estrecho de TaiwĆ”n es crucial para la paz y la estabilidad mundialesā, al tiempo que subrayó que TaiwĆ”n no tiene en absoluto la intención de crear un conflicto, como tambiĆ©n destacó la presidenta Tsai.
El discurso de Lee fue muy claro a la hora de enviar una seƱal a la Santa Sede, destacando los sentimientos de amistad y cooperación, y subrayando las dificultades que pueden surgir a nivel regional. Desde este punto de vista, es interesante la presencia del arzobispo Gallagher, pero tambiĆ©n la decisión del arzobispo en su discurso de no involucrarse en cuestiones polĆtico-diplomĆ”ticas. Aun asĆ, no se quiere hacer declaraciones precipitadas que puedan enardecer las relaciones con China.
Cabe recordar que el arzobispo Gallagher se reunió con su homólogo chino Wang Yi en MĆŗnich el 14 de febrero, al margen de la reunión de seguridad. Si no hubiera habido pandemia, probablemente los contactos habrĆan continuado y al menos verĆamos una especie de comisión chino-vaticana, una plataforma estable de diĆ”logo que permitirĆa continuar el acuerdo hasta el Vaticano.
¿Una renovación del acuerdo?
Todas estas cuestiones parecen estar destinadas a permanecer en un segundo plano. El Papa Francisco califica el documento de āpastoralā, mientras que la Santa Sede seƱala que en virtud del acuerdo ya no hay obispos ilegĆtimos en China, es decir, no reconocidos por Roma.
Sin embargo, esto no ha puesto fin al proceso de chiinización iniciado por Xi, y reiterado en el último congreso del Partido Comunista, y ha aumentado la presión sobre los católicos locales para que se unan a la Asociación Patriótica. La Asociación, fundada en 1957, es el organismo gubernamental al que deben inscribirse los sacerdotes, para demostrar su buena voluntad y, de hecho, su patriotismo.
AsĆ, al tĆ©rmino de la 10ĀŖ Asamblea Nacional de representantes católicos chinos, celebrada en la ya famosa ciudad de Wuhan, monseƱor Joseph Li Shan, arzobispo de PekĆn, fue elegido presidente de la Asociación Patriótica, mientras que monseƱor Shen Bin, obispo de Haimen, dirigirĆ” el Consejo de Obispos Chinos, órgano colegiado no reconocido por la Santa Sede.
El nombramiento de Li Shan parece ser un signo de distensión, ya que fue consagrado obispo en 2007, con el consentimiento de la Santa Sede, según un procedimiento vigente antes del acuerdo chino-vaticano de 2018 que marcó, de hecho, una distensión de las relaciones esbozada en la carta de Benedicto XVI a los católicos de China.
Sin embargo, mĆ”s allĆ” de estos signos de mejorĆa, todos los problemas de la Santa Sede en China permanecen. Mientras tanto, se celebra un juicio en Hong Kong contra el cardenal Joseph Zen Ze-kiun, acusado de connivencia con fuerzas extranjeras.

