Texto original del artĂculo en inglĂ©s
Isabel II estaba tan arraigada en la cultura y la vida britĂĄnicas que parecĂa que era inmortal y que siempre lo serĂa. Miles y miles de personas acudieron a Londres, haciendo cola durante 14 horas, si no mĂĄs, para presentar sus Ășltimos respetos a Su Majestad mientras yacĂa en el Westminster Hall.
LĂderes de todo el mundo han volado a Londres para asistir al funeral, que ha sido marcado como dĂa festivo nacional; e innumerables personas han sintonizado la televisiĂłn, la radio e Internet para seguir la ceremonia.
Responsabilidad, servicio y fe
A pesar de su frĂĄgil salud y su avanzada edad, la Reina nunca abdicĂł y permaneciĂł en su cargo hasta su Ășltimo aliento, considerĂĄndolo un deber de por vida.
El servicio de la Reina Isabel II a su nación y a la Commonwealth sirve como recordatorio continuo de que, independientemente de la condición, la edad o la etapa de la vida de una persona, siempre tiene un servicio inestimable que ofrecer a los demås; y nunca carece de valor, ni debe ser abandonado. Como dijo, incluso antes de convertirse en Reina, en su vigésimo primer cumpleaños en 1947: «Declaro ante todos vosotros que toda mi vida, sea larga o corta, estarå dedicada a vuestro servicio».
Recientemente incluso, la Reina reafirmó este compromiso durante su mensaje de agradecimiento por el fin de semana del Jubileo de Platino 2022: «Mi corazón ha estado con todos vosotros; y sigo comprometida a serviros lo mejor que pueda».
Desde una tierna edad, la Reina Isabel II viĂł la gran responsabilidad que tenĂa dentro de la sociedad. Por ejemplo, a la edad de 14 años, ella y su hermana, la Princesa Margarita, hicieron una emisiĂłn de radio para ofrecer esperanza y consuelo a otros niños que vivĂan los terrores de la Segunda Guerra Mundial. AdemĂĄs, desde muy joven siempre recordĂł al pĂșblico que su papel se basaba en la fe cristiana. Como dijo una vez: «Para muchos de nosotros, nuestras creencias tienen una importancia fundamental. Para mĂ, las enseñanzas de Cristo, y mi propia responsabilidad personal ante Dios, proporcionan un marco en el que intento conducir mi vida. Yo, como muchos de ustedes, he encontrado gran consuelo en tiempos difĂciles en las palabras y el ejemplo de Cristo».
Como Gobernadora Suprema de la Iglesia de Inglaterra se le encomendĂł el deber de defender la fe protestante. Incluso se le dio el tĂtulo de «Defensora de la Fe». Este fue un tĂtulo originalmente recompensado a Enrique VIII por el Papa LeĂłn X por la defensa de los siete sacramentos por parte del rey Tudor, al que posteriormente renunciĂł; y luego fue derogado por la reina MarĂa I, siendo finalmente restituido durante el reinado de la reina Isabel I.
Durante la época de la reina Isabel II reconoció y celebró otras confesiones. Como dijo en la Recepción Interconfesional, en el Palacio de Lambeth, el 15 de febrero de 2012 «De hecho, los grupos religiosos tienen un orgulloso historial de ayuda a los mås necesitados, incluidos los enfermos, los ancianos, los solitarios y los desfavorecidos. Nos recuerdan las responsabilidades que tenemos mås allå de nosotros mismos».
Isabel II y la Iglesia catĂłlica
Para la Iglesia catĂłlica, podrĂa decirse que ayudĂł a avanzar en las relaciones, aceptando incluso conversiones dentro de su propia familia. Esto es bastante significativo, ya que antes del reinado de la reina Isabel II el primer soberano de Gran Bretaña que visitĂł al Papa fue el rey Eduardo VII en 1903, despuĂ©s de tres siglos y medio, seguido por el rey Jorge V en 1923.
Isabel II conoció a cinco Papas, cuatro como Reina, y casualmente su muerte se produjo en una importante fiesta que se celebra dentro de la Iglesia católica, la Natividad de Nuestra Señora.
Los catĂłlicos se han unido al luto por la reina Isabel II y en Inglaterra se celebrĂł una misa de rĂ©quiem oficiada por el presidente de la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales, el cardenal Vincent Nichols, el 9 de septiembre. Como señalĂł el cardenal Nichols en su homilĂa en la catedral de Westminster (Londres), «la reina Isabel aprovechĂł muchas oportunidades para explicar su fe, de forma suave pero directa, especialmente en casi todos los mensajes pĂșblicos de Navidad que dio. Las palabras de San Pablo que acabamos de escuchar me lo han recordado. Ella veĂa, como Ă©l, que era su deber proclamar su fe en Jesucristo. Y, segĂșn ella, entre los tesoros que se desprendĂan de esa fe estaba su disposiciĂłn a no juzgar a los demĂĄs, a tratar a la gente con respeto y sin crĂticas innecesarias, a darles la bienvenida… a no concentrarse nunca en la paja en el ojo ajeno. Por el contrario, siempre estaba dispuesta a ver lo bueno en todas las personas que conocĂa. En una Ă©poca en la que nos apresuramos a cerrar a las personas, a «cancelarlas», su ejemplo es de crucial importancia».
En una Ă©poca en la que muchos, incluidos los lĂderes de hoy en dĂa, suelen ceder tan fĂĄcilmente a las Ășltimas tendencias, al populismo, a las ideologĂas o a un estilo de vida concreto, la Reina fue un sĂmbolo de firmeza, dignidad y sofisticaciĂłn: no se dejĂł llevar por una cultura efĂmera y siempre cambiante que a menudo menosprecia, escandaliza y degrada al ser humano. MostrĂł cĂłmo las formalidades, el refinamiento y la tradiciĂłn no deben abandonarse, sino que son los engranajes hacia el respeto y la autodisciplina que le recuerdan a uno su vocaciĂłn superior en la vida; asĂ como el ejemplo que debe dar a los demĂĄs.
Ella fue un empoderamiento para las mujeres, mostrando cĂłmo se puede ser una autoridad lĂder en el mundo sin sacrificar su feminidad natural, mostrando en realidad que es una gran fuerza que debe ser abrazada en lugar de un obstĂĄculo para la identidad de una mujer. Como dijo recientemente la Reina consorte, Camilla, en el programa de la BBC, al rendir homenaje a la Reina, Ă©sta «se labrĂł su propio papel» en un mundo dominado por los hombres.
En sus mensajes navideños, la Reina Isabel II recordaba que, por mucho que avancemos en la sociedad, nunca debemos perder de vista los valores fundamentales fundados en el cristianismo. Como mencionĂł en 1983, al examinar los avances tecnolĂłgicos en materia de comunicaciĂłn y transporte: «QuizĂĄ sea aĂșn mĂĄs grave el riesgo de que este dominio de la tecnologĂa nos ciegue a las necesidades mĂĄs fundamentales de las personas. La electrĂłnica no puede crear camaraderĂa; los ordenadores no pueden generar compasiĂłn; los satĂ©lites no pueden transmitir tolerancia».
La Reina admiraba la tecnologĂa y los nuevos descubrimientos del mundo, pero tambiĂ©n veĂa la importancia de no permitir que estas innovaciones nos distrajeran de las cosas mĂĄs importantes de la vida.
PromovĂa la necesidad de estar cerca de los pobres y mostrar respeto hacia el prĂłjimo, sin permitir que nuestro estatus o talento se utilizara como medio para dominar a los demĂĄs, sino que se empleara al servicio de los mismos.
La reina Isabel II era el epĂtome moderno de la elegancia y la sofisticaciĂłn que muchas personas han tratado de emular, pero que a menudo no alcanzan.
Mientras la naciĂłn y el resto del mundo se unen para despedir a una figura monumental en los Ășltimos tiempos, es muy apropiado terminar este artĂculo con uno de los Ășltimos mensajes de la Reina. En su mensaje del DĂa de la AdhesiĂłn, el 5 de febrero de 2022, la Reina Isabel II parecĂa ser muy consciente del futuro y quiso preparar a todos para este triste momento subrayando la importancia de la uniĂłn: «Este aniversario tambiĂ©n me permite reflexionar sobre la buena voluntad que me han demostrado personas de todas las nacionalidades, credos y edades en este paĂs y en todo el mundo durante estos años. Me gustarĂa expresar mi agradecimiento a todos por su apoyo. Estoy eternamente agradecido y humilde por la lealtad y el afecto que me siguen brindando. Y cuando, con el tiempo, mi hijo Carlos se convierta en Rey, sĂ© que le darĂ©is a Ă©l y a su esposa Camilla el mismo apoyo que me habĂ©is dado a mĂ».
