El AƱo de la Familia Ā«Amoris laetitiaĀ»culminaba el 26 de junio de 2022. Pocos dĆas antes se publicaron de los Itinerarios catecumenales para la vida matrimonial. Unas orientaciones pastorales que, teniendo presente la riqueza de situaciones por las que atraviesan las familias en la actualidad, propone una revisión seria de la formación para el matrimonio católico. los itinerarios apuestan por un catecumenado prĆ”ctico y real, fundado en el acompaƱamiento a los esposos y familias a lo largo de su vida.
1.VademƩcum de pastoral matrimonial
Con fecha de 15 de junio de 2022, el Dicasterio vaticano para los laicos, la familia y la vida, ha publicado un importante documento con el tĆtulo: Itinerarios catecumenales para la vida matrimonial. Se trata de un oportuno vademĆ©cum o prontuario con las directrices o pautas de una pastoral de preparación al matrimonio adecuada para nuestro tiempo.
En continuidad con el magisterio de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, el Santo Padre Francisco ha explicado en diversas ocasiones la necesidad de este catecumenado matrimonial, que suponga āun antĆdoto para evitar la proliferación de celebraciones matrimoniales nulas o inconsistentesā (Discurso a la Rota Romana, 21-1-2017).
En efecto, desde un punto de vista negativo, la necesidad de una preparación resulta especialmente urgente en nuestros dĆas, debido a los lamentables Ćndices de fracaso matrimonial. No cabe asistir impasibles al desmoronamiento del entramado familiar en una contracultura de la ruptura y del divorcio, que produce tanda destrucción humana.
La Iglesia, como madre y maestra, reconoce el deber que tiene de āacompaƱar con responsabilidad a quienes expresan la intención de unirse en matrimonio, para que sean preservados de los traumas de la separación y no pierdan nunca la fe en el amorā (Prefacio).
En sentido positivo, la originalidad y la finalidad de la propuesta del catecumenado matrimonial resulta decisiva: āpretende hacer resonar entre los cónyuges el misterio de la gracia sacramental, que les corresponde en virtud del sacramento: hacer que la presencia de Cristo viva con ellos y entre ellosā; para lo cual resulta necesario ārecorrer con ellos el camino que los lleva a tener un encuentro con Cristo, o a profundizar en esta relación, y a hacer un autĆ©ntico discernimiento de la propia vocación nupcialā (n. 6). El don del EspĆritu requiere ser acogido adecuadamente para producir frutos de santidad y de evangelización.
2. Formación para la santidad conyugal
En este sentido, se ha de reconocer una cierta incoherencia consentida en la acción pastoral, pues āla Iglesia dedica mucho tiempo, varios aƱos, a la preparación de los candidatos al sacerdocio o a la vida religiosa, pero dedica poco tiempo, sólo unas semanas, a los que se preparan para el matrimonioā (Prefacio). Por ello, es necesaria una renovada valoración de la vocación al matrimonio, conforme a la llamada universal a la santidad y a la misión -que incluye a los fieles seglares con su especificidad- proclamada con Ć©nfasis por el concilio vaticano II. Se ha de afirmar que āel sacramento del orden, la consagración religiosa y el sacramento del matrimonio merecen el mismo cuidado, ya que el SeƱor llama a hombres y mujeres a una u otra vocación con la misma intensidad y amorā (n. 7). Por ello, los cónyuges cristianos necesitan una formación integral, profunda y constante, para que cumplan su tarea para bien de toda la comunidad humana.
Hay que advertir que este documento vaticano es limitado en sus pretensiones, pues no se trata de un manual para el curso prematrimonial ni considera todos los temas de la pastoral familiar, sino que solamente ofrece las indicaciones mÔs importantes para la preparación a la vida conyugal. P
or ello, son muchas las herramientas doctrinales y pastorales que se han de articular, como se especifica en los Directorios de pastoral familiar de las conferencias episcopales y de las diócesis.
AsĆ, por ejemplo, Francisco indica que este documento tendrĆ” que ser complementado con āotro en el que se indiquen mĆ©todos pastorales concretos y posibles itinerarios de acompaƱamiento, dedicados especĆficamente aĀ aquellas parejas que han experimentado el fracaso de su matrimonio y viven en una nueva unión o se han vuelto a casar civilmenteā (Prefacio).
3. Transversalidad, sinodalidad, continuidad
Hemos de tener en cuenta que no es un texto normativo sino pastoral, abierto a la consideración de las diversas realidades de los sujetos y ambientes que han de ser evangelizados. Por ello, estas āorientaciones que piden ser recibidas, adaptadas y puestas en prĆ”ctica en las situaciones sociales, culturales y eclesiales concretasā (Prefacio), en un ejercicio prudencial por parte de los pastores y demĆ”s agentes de la delicada encomienda de preparación a la vida matrimonial cristiana.
Se seƱalan tres grandes principios generales de la acción pastoral. En primer lugar, la transversalidad, que āsignifica que la pastoral de la vida conyugal no se limita al Ć”mbito restringido de los encuentros de novios, sino que atraviesa muchos otros Ć”mbitos pastorales y se tiene siempre presente en ellosā (n. 12). En realidad, es la vida misma de la pareja (de novios o de cónyuges) la que es acompaƱada cuidadosamente por la Iglesia, para que la vocación produzca todo el fruto de santidad que contiene germinalmente, capaz de irradiar y fecundar la sociedad con el evangelio del matrimonio y de la familia.
En segundo lugar, la sinodalidad, pues āla Iglesia es comunión y realiza concretamente su ser comunión en el caminar juntos, en la coordinación de todos los Ć”mbitos pastorales y en la participación activa de todos sus miembros en su misión evangelizadoraā (n. 13). En este campo de la acción eclesial, como en otros, hemos de evitar un reduccionismo clerical o que muchos se desentiendan de la encomienda por el SeƱor, con una dejación de deberes: todos somos responsables -cada uno segĆŗn su vocación, capacidades y carismas- en la evangelización de la sociedad, de las culturas y de las personas.
El tercer criterio es la continuidad, que āse refiere al carĆ”cter no episódico sino prolongado en el tiempo, incluso permanente. Esto permite establecer itinerarios pedagógicos que, en las distintas etapas del crecimiento acompaƱen a enraizar la vocación al matrimonio en el camino de iniciación cristiana en la feā (n. 14). Ocurre algo anĆ”logo a los procesos educativos o de maduración humana: su interrupción o descuido resulta contraproducente y con frecuencia nefasta. Se han de considerar diversas modalidades adaptadas oportunamente a las etapas y situaciones vitales, pero nunca se debe dejar la tarea formativa humana y cristiana. En este sentido, es necesario recordar que se han de evitar los ālargos perĆodos de abandono pastoral de ciertas fases de la vida de las personas y de las familias, que lamentablemente provocan el alejamiento de la comunidad y, a menudo, tambiĆ©n de la feā (n. 15). Si se descuida la formación avanza irremediablemente la confusión y la exposición a las deformaciones ideológicas, como el emotivismo pasional o el pansexualismo materialista. En cambio, la formación adecuada e ininterrumpida propicia el desarrollo de personas de criterio, sólidamente fundamentadas en la verdad del evangelio y en las virtudes humanas y cristianas.
4. Catecumenado
AƱadamos que, si bien las modalidades y adaptaciones pueden ser muy variadas, un catecumenado matrimonial no es cualquier cosa: posee una consistencia y unos rasgos elementales, que se explicitan en este documento. AdemĆ”s, esta institución se inspira en la hermosa y secular tradición eclesial de preparación para el bautismo de adultos. āEl Ritual de Iniciación Cristiana para Adultos puede ser un marco de referencia general en el que inspirarseā (n. 19).
Por eso, āen la elaboración de este proyecto hay que tener en cuenta ciertos requisitos: que dure el tiempo suficiente para que las parejas puedan reflexionar y madurar; que, partiendo de la experiencia concreta del amor humano, la fe y el encuentro con Cristo se sitĆŗen en el centro de la preparación al matrimonio; que se organice por etapas, marcadas ācuando sea posible y apropiadoā por ritos de pasos que se celebren dentro de la comunidad; que englobe todos estos elementos: formación, reflexión, diĆ”logo, confrontación, liturgia, comunidad, oración, fiestaā (n. 16).
El documento considera que una propuesta concreta para comenzar en esta senda puede ser la puesta en marcha en las diócesis, cuando sea posible, de un āproyecto pilotoā (n. 17). Sin embargo, āesta herramienta pastoral no puede ser simplemente impuesta como la Ćŗnica manera de preparar el matrimonio, sino que debe ser utilizada con discernimiento y sentido comĆŗnā (n. 16). En efecto, una obligación indiscriminada podrĆa tener efectos contraproducentes, como el alejamiento de muchos del sacramento del matrimonio o el cumplimiento externo y formal, como un requisito imperado que hay que sufrir y cumplir āa regaƱadientesā. Se trata mĆ”s bien de una sugerencia consistente, que se ha de mostrar a los candidatos como una oferta plausible de formación integral. Para que este instrumento formativo sea realmente efectivo se ha de presentar de modo adecuado y atractivo, de modo que los mismos candidatos al sacramento del matrimonio lleguen a descubrir, anhelar y asumir con protagonismo el proyecto.
5. Guiar, ayudar, acompaƱar
En la caracterización de esta modalidad formativa, el documento considera algunas caracterĆsticas generales y metodológicas: su intención ha de ser āguiar, ayudar y estar cerca de las parejas en un camino que hay que recorrer juntosā; āno es una preparación para un examen que hay que pasar, sino para una vida que hay que vivirā; ha de evitarse el moralismo y cuidar, en cambio, el ātono proactivo, persuasivo, alentador y todo orientado hacia lo bueno y lo bello que es posible vivir en el matrimonioā; asimismo, ha de tener muy en cuenta āla gradualidad, la acogida y el apoyo, pero tambiĆ©n el testimonio de otros cónyuges cristianos que acojan y estĆ©n presentes en el caminoā, pues asĆ se ayudarĆ” a ācrear un clima de amistad y confianzaā (n. 20), tan necesario para la eficacia de este camino hacia el matrimonio cristiano.
Cada persona y cada pareja serĆ” acompaƱada en su camino de reflexión, conversión y comprensión del significado humano y cristiano de la vida conyugal, āsiguiendo siempre la lógica del respeto, la paciencia y la misericordia. Sin embargo, nunca lleva a oscurecer las exigencias de verdad y caridad del Evangelio propuestas por la Iglesia, y nunca debe permitirse oscurecer el designio divino sobre el amor humano y el matrimonio en toda su belleza y grandezaā (n. 56).
Habitualmente, āel equipo de acompaƱantes que guĆa el camino puede estar formado por matrimonios ayudados por un sacerdote y otros expertos en pastoral familiarā (n. 21). La presencia de matrimonios no se debe solo a la escasez del clero, sino que responde a lo propio de la vocación conyugal como evangelizadora y a la connaturalidad con la forma de vida que quieren emprender los novios.
AdemĆ”s, se ha de tener en cuenta que āalgunas temĆ”ticas complejas relativas a la sexualidad conyugal o a la apertura a la vida (por ejemplo, la paternidad responsable, la inseminación artificial, el diagnóstico prenatal y otras cuestiones bioĆ©ticas) tienen fuertes implicaciones Ć©ticas, relacionales y espirituales para los cónyuges, y requieren hoy en dĆa una formación especĆfica y una claridad de ideasā (n. 22). El documento recuerda tambiĆ©n la āurgencia de una formación mĆ”s adecuada de los sacerdotes, seminaristas y laicos (incluidos los matrimonios) en el ministerio de acompaƱamiento de los jóvenes al matrimonioā (n. 86).
6. Valorar situaciones y actitudes
TambiĆ©n se han de considerar, distinguir y acompaƱar de modo adecuado y oportuno las diversas situaciones existenciales de los que se acercan al sacramento del matrimonio en nuestros dĆas. El gran nĆŗmero de personas que viven mĆ”s o menos alejadas de la fe y de la Iglesia reclama una propuesta solĆcita y oportuna: āLa experiencia pastoral en gran parte del mundo muestra ahora la presencia constante y generalizada de nuevas solicitudes de preparación al matrimonio sacramental por parte de parejas que ya viven juntas, han celebrado un matrimonio civil y tienen hijos. Tales peticiones ya no pueden ser eludidas por la Iglesia, ni pueden ser aplanadas dentro de caminos trazados para quienes vienen de un camino mĆnimo de fe; mĆ”s bien, requieren formas de acompaƱamiento personalizadoā (n. 25).
Con frecuencia nos encontramos con āparejas que han preferido convivir juntas sin casarse, pero que, sin embargo, siguen abiertas al tema religioso y dispuestas a acercarse a la Iglesia. Con una mirada comprensiva, han de ser acogidas con calidez y sin legalismo, apreciando su deseo de familiaā (n. 40). La acción pastoral adecuada no encorseta en esquemas teóricos, sino que se pone en el lugar vital -actitudes, disposiciones, situaciones, etc.- en que se encuentran las personas para ayudarlas con sabidurĆa humana y sobrenatural conforme a las etapas de sanación y de crecimiento en la conversión continua y en el ascenso hacia la plenitud humana que es la santidad.
7. Ritos significativos
El documento propone algunos ritos simbólicos o gestos cuasi litĆŗrgicos de iniciación o culminación de las diversas etapas o fases de este proceso o camino formativo. āEntre los ritos a considerar, antes de llegar al rito matrimonial propiamente dicho, pueden estar: la entrega de la Biblia a los novios, la presentación a la comunidad, la bendición de los anillos de compromiso, la entrega de una oración de pareja que los acompaƱarĆ” en su camino. La conveniencia de esto se evaluarĆ” segĆŗn la realidad eclesial local. Cada uno de estos ritos puede ir acompaƱado de un retiroā (n. 23).
Esta iniciativa se hace con mucha cautela, pues por un lado se ha de evitar crear expectativas excesivas, que fuercen la libertad de los candidatos, y por otro tampoco se debe caer en la confusión o identificación con los ritos propios del sacramento. Por ello, el texto insta a la ānecesaria prudencia y una cuidadosa evaluación de cómo proponer estos ritos, segĆŗn el contexto social en el que se actĆŗe. En algunos casos, por ejemplo, puede ser preferible que estos ritos se celebren sólo dentro del grupo de parejas que sigue el itinerario, sin involucrar a las familias u otras personas. En otros casos, sin embargo, es preferible evitarlos por completoā (n. 26). Por tanto, estos ritos son sugerencias a tener en cuenta y a utilizar prudencialmente para aprovechar su estĆmulo para perseverar con ilusión en el camino formativo y soslayar posibles efectos contraproducentes.
8. Etapas. Preparación remota
Puesto que se tratar de acompaƱar el crecimiento interno, este proceso o camino articulado ha de tener en cuenta las diversas etapas del desarrollo formativo y de la maduración humana y cristiana. Por ello, el documento sugiere que āen una perspectiva pastoral a largo plazo, serĆa bueno que el itinerario propiamente catecumenal fuera precedido por una fase pre-catecumenal: esto coincidirĆa prĆ”cticamente con el largo tiempo de preparación remota al matrimonio, que comienza desde la infancia. La fase propiamente catecumenal consta de tres etapas distintas: la preparación próxima, la preparación inmediata y el acompaƱamiento de los primeros aƱos de vida matrimonialā (n. 24).
En la educación familiar y eclesial para el amor verdadero durante la infancia y juventud, los objetivos de la preparación remota son: āa) educar a los niƱos en la estima de sĆ mismos y en la estima de los demĆ”s, en el conocimiento de la propia dignidad y en el respeto a de los demĆ”s; b) presentar a los niƱos la antropologĆa cristiana y la perspectiva vocacional contenida en el bautismo que conducirĆ” al matrimonio o a la vida consagrada; c) educar a los adolescentes en la afectividad y la sexualidad en vista de la futura llamada a un amor generoso, exclusivo y fiel (ya sea en el matrimonio, en el sacerdocio o en la vida consagrada); d) proponer a los jóvenes un camino de crecimiento humano y espiritual para superar la inmadurez, los miedos y las resistencias a abrirse a relaciones de amistad y de amor, no posesivas ni narcisistas, sino libres, generosas y oblativasā (n. 36).
9. Acogida: anuncio y maduración del proyecto conyugal
En la fase intermedia o de acogida de los candidatos al catecumenado matrimonial, āel estilo de relación y de acogida implementado por el equipo pastoral serĆ” determinanteā; pues āes importante que el momento de la acogida se convierta en una proclamación del kerigma, para que el amor misericordioso de Cristo constituya el autĆ©ntico lugar espiritual en el que se acoge a la parejaā (n. 38).
AquĆ el documento enfatiza algunos rasgos del estilo evangelizador que se ha de cuidar especialmente con los novios: āla pastoral conyugal debe tener siempre un tono alegre y kerigmĆ”tico āvigoroso y al mismo tiempo proactivo-; el testimonio, la belleza y la fuerza motriz de las familias cristianas podrĆ”n acudir en ayuda de los pastores ante estos desafĆos; el mismo sacramento del matrimonio debe ser objeto de un verdadero anuncio por parte de la Iglesia; la fidelidad, la unicidad, la definitividad, la fecundidad, la totalidad, son, al fin y al cabo, las dimensiones esenciales de todo vĆnculo de amor autĆ©ntico, comprendido, deseado y coherentemente vivido por un hombre y una mujerā (n. 39).
Se ha de ayudar a superar actitudes superficiales que -con frecuencia, de modo inconsciente e inculpable- tienen los que piden a la Iglesia el sacramento nupcial, pues āes importante que exista una voluntad interior de iniciar con el catecumenado matrimonial un camino de fe-conversiónā (n. 42). En el discernimiento de la intención conyugal la doctrina de la Iglesia distingue entre la virtud de la fe en los candidatos y la voluntad de querer un verdadero matrimonio. āLa presencia de una fe viva y explĆcita en las parejas es, obviamente, la situación ideal para llegar al matrimonio con una intención clara y consciente de celebrar un verdadero matrimonio. Sin embargo, una condición necesaria para el acceso al sacramento del matrimonio y su validez sigue siendo su intención de hacer lo que la Iglesia entiende realizar al celebrar el matrimonio entre bautizadosā (n. 44).
De modo que āsi rechazan explĆcita y formalmente lo que la Iglesia quiere realizar al celebrar el matrimonio, los novios no podrĆ”n ser admitidos a la celebración sacramentalā (n. 45). Los pastores no pueden desentenderse de la formación y la conversión de las almas, pues tienen el grave deber de āhacer aflorar las verdaderas intenciones de los novios para que ellos mismos tomen conciencia de ellas, a fin de evitar que la preparación y la celebración del matrimonio se reduzcan a actos puramente exteriores. Si, por el contrario, sin negar lo que quiere realizar la Iglesia, existe una disposición imperfecta por parte de los que se quieren casar, no debe excluirse su admisión a la celebración del sacramentoā (n. 45).
En esta fase se ha de āaprovechar esta situación como un momento favorable para que redescubran su fe y la lleven a una mayor madurez, volviendo a las raĆces de su bautismo, reavivando la semilla de vida divina que ya ha sido sembrada en ellos, e invitĆ”ndoles a reflexionar sobre la elección del matrimonio sacramental como consolidación, santificación y realización plena de su amorā (n. 45). AsĆ, con paciencia y celo, los pastores y demĆ”s encargados de esta tarea han de propiciar que surjan las condiciones interiores adecuadas para llegar a un matrimonio verdadero y preparado en las mejores condiciones posibles.
Sin embargo, con alguna frecuencia ocurrirĆ” que ambas partes o āuna de ellas se niega a seguir el camino catecumenal. En todos estos casos, corresponderĆ” al presbĆtero valorar la mejor manera de proceder en la preparación al matrimonioā (n. 46), para asegurar no solo la validez del sacramento sino tambiĆ©n que no se malogre y produzca frutos de vida cristiana.
10. Preparación próxima: itinerario vocacional de fe
En cuanto al tiempo principal del catecumenado, āen lĆneas generales, se sugiere que la preparación próxima dure aproximadamente un aƱo, dependiendo de la experiencia previa de la pareja en materia de fe y participación eclesial. Una vez tomada la decisión de casarse se podrĆa iniciar la preparación inmediata al matrimonio, de unos meses de duración, para configurarse como una verdadera y propia iniciación al sacramento nupcialā (n. 48).
Para conseguir este objetivo resulta necesario cambiar de modo drĆ”stico la mentalidad de los pastores y, despuĆ©s, del pueblo de Dios, de modo que todos tomen conciencia de que la preparación al matrimonio es algo serio e intenso, que no se debe quedar en el barniz superficial de un cursillo breve. Puede servir al respecto considerar la analogĆa con el rigor en la formación acadĆ©mica y en la capacitación profesional que resultan tan exigentes en nuestra Ć©poca. Pues, de modo semejante a las destrezas tĆ©cnicas, artĆsticas o deportivas, preparar sujetos virtuosos, realmente capaces para el verdadero amor esponsalicio, que han alcanzado la madurez de la libertad del don de sĆ, requiere un esfuerzo formativo de gran envergadura, intensidad y duración.
āEl catecumenado matrimonial en esta etapa adquirirĆ” el carĆ”cter de un verdadero itinerario de fe, durante el cual el mensaje cristiano serĆ” redescubierto y reproducido en su perenne novedad y frescura. Los candidatos al matrimonio tambiĆ©n se iniciarĆ”n gradualmente en la oración cristianaā (n. 49). En este perĆodo, āse ayudarĆ” a las parejas a acercarse a la vida eclesial y a participar en ella. Con delicadeza y calor humano, se les invitarĆ” a participar en los momentos de oración, en la eucaristĆa dominical, en la confesión, en los retiros, pero tambiĆ©n en los momentos de celebración y convivenciaā (n. 50).
TambiĆ©n āserĆ” fundamental preparar un itinerario de reflexión sobre los bienes propios del matrimonio, pudiendo asĆ disponerse a acoger estas gracias y abrazar estos bienes como un donā (n. 51). āSerĆ” importante en esta etapa profundizar en todo lo que tiene que ver con la relación de pareja y la dinĆ”mica interpersonal que conlleva, con sus reglas, sus leyes de crecimiento, los elementos que la fortalecen y los que la debilitanā (n. 52). Para ello, hay que contar con los aportes de las ciencias humanas.
Asimismo, ādeben ser debidamente explorados: la dinĆ”mica humana de la sexualidad conyugal, la concepción correcta de la paternidad-maternidad responsable, la educación de los hijosā (n. 53). Y, por Ćŗltimo, se ha de ātomar conciencia de las posibles carencias psicológicas y/o afectivas, que pueden debilitar o incluso anular por completo el compromiso de entrega y de amor mutuo que los cónyuges se prometen. Pero pueden ser el estĆmulo para iniciar un proceso mĆ”s serio de crecimiento que prepare para alcanzar una condición suficiente de libertad interior y madurezā (n. 54).
El objetivo especĆfico de esta etapa central del catecumenado matrimonial es āfinalizar el discernimiento de cada pareja sobre su vocación matrimonial. Esto puede llevar a la decisión libre, responsable y meditada de contraer matrimonio, o puede llevar a la decisión igualmente libre y meditada de terminar la relación y no casarse. Este discernimiento, que debe realizarse tambiĆ©n en el marco del diĆ”logo espiritualā (n. 55).
11. Aprender la castidad, aliada del amor
Uno de los temas centrales en esta etapa formativa ha de ser la comprensión adecuada y el aprendizaje vital de la virtud humana y cristiana de la castidad: ādebe presentarse como una autĆ©ntica aliada del amor, no como su negación. Es, de hecho, la forma privilegiada de aprender a respetar la individualidad y la dignidad del otro, sin subordinarlo a los propios deseos. Tiene una importancia fundamental para orientar y alimentar el amor conyugal, preservĆ”ndolo de cualquier manipulación. EnseƱa, en cualquier estado de la vida, a ser fiel a la verdad del propio amor.
Esto significarĆ”, para los novios, vivir la castidad en continencia y, una vez casados, vivir la intimidad conyugal con rectitud moral. La castidad facilita el conocimiento recĆproco entre los novios, porque al evitar que la relación se fije en la instrumentalización fĆsica del otro, permite un diĆ”logo mĆ”s profundo, una manifestación mĆ”s libre del corazón y el surgimiento de todos los aspectos de la propia personalidad āhumanos y espirituales, intelectuales y afectivosā de manera que se permita un verdadero crecimiento en la relación, en la comunión personal, en el descubrimiento de la riqueza y de los lĆmites del otro: y en esto consiste la verdadera finalidad del tiempo de noviazgo.
Son diversos y hermosos los valores y atenciones que enseƱa la virtud de la castidad: el respeto del otro, el cuidado de no someterlo nunca a los propios deseos, la paciencia y la delicadeza con el cónyuge en los momentos de dificultad, fĆsica y espiritual, la fortaleza y el autodominio necesarios en los momentos de ausencia o enfermedad de uno de los cónyuges, etc.ā (n. 57).
12. Cuidar el fondo y la forma
En cuanto a la metodologĆa de esta fase central, se ha de enfatizar que āes necesario que la transmisión de contenidos teóricos vaya acompaƱada de la propuesta de un camino espiritual que incluya experiencias de oración (personal, comunitaria y de pareja), celebración de los sacramentos, retiros espirituales, momentos de adoración eucarĆstica, experiencias misioneras, actividades caritativasā (n. 58). Sin descuidar el tono testimonial de confianza sincera que posibilita la autĆ©ntica apertura y renovación interior.
En resumen, los objetivos de la preparación próxima son: āa) volver a proponer una catequesis de iniciación a la fe cristiana y un acercamiento a la vida de la Iglesia; b) experimentar una iniciación especĆfica al sacramento del matrimonio y llegar a una clara conciencia de sus notas esenciales; c) profundizar en los temas vinculados a la relación de pareja y tomar conciencia de las propias carencias psicológicas y afectivas; d) completar una primera fase de discernimiento de la pareja sobre la vocación nupcial; e) continuar un camino espiritual con mĆ”s decisiónā (n. 63).
13. Preparación inmediata para el compromiso
En los meses que preceden a la celebración del matrimonio, tiene lugar la preparación inmediata de las nupcias. āSerĆ” oportuno recordar los contenidos principales del camino de preparación seguido hasta ahora: se insistirĆ” en las condiciones indispensables de libertad y de plena conciencia de los compromisos asumidos con la elección que se va a hacer, ligada a las caracterĆsticas esenciales del matrimonioā (n. 65).
Los objetivos de la preparación a las puertas de la celebración del sacramento, son: āa) recordar los aspectos doctrinales, morales y espirituales del matrimonio; b) vivir experiencias espirituales de encuentro con el SeƱor; c) prepararse para una participación consciente y fructĆfera en la liturgia nupcialā (n. 73).
14. Suplir carencias y animar a la inserción eclesial
Aunque este itinerario presenta el marco formativo ideal y completo, sin embargo, de modo realista, se constata que es frecuente y habitual āque algunos matrimonios se inserten sólo ahora en el itinerario catecumenal y que la preparación inmediata sea la Ćŗnica posibilidad concreta para que reciban un mĆnimo de formación en vista de la celebración del sacramento del matrimonio. Para ellos, serĆa oportuno concertar algunos encuentros personalizados con el equipo de pastoral de preparación al matrimonio, para hacerles sentir el cuidado y la atención, para profundizar juntos en algunos aspectos mĆ”s personales de la elección del matrimonio, segĆŗn la situación de la pareja, y para establecer una relación de confianza, cordialidad y amistad con los acompaƱantesā (n. 65).
Se trata de suplir con caridad las carencias, pero sin considerar que esta situación excepcional, por muy generalizada que se encuentre, sea lo normal o lo bueno. Con paciencia y prudencia, los pastores y demÔs miembros de la comunidad cristiana deben procurar la inserción en la vida de la Iglesia a los que se encuentran alejados e invitar a todos a participar en los procesos de formación adecuada en la fe.
Por lo demĆ”s, en esta fase se ha de āvolver a poner siempre en el centro el encuentro con el SeƱor como fuente de toda la vida cristiana. En efecto, siempre es necesario superar la mera visión sociológica del matrimonio para hacer comprender a los cónyuges el misterio de la gracia que estĆ” implĆcito en Ć©lā (n. 66). En esta Ćŗltima etapa previa a la celebración del matrimonio āserĆ” Ćŗtil reformular el anuncio kerigmĆ”tico de la redención de Cristo que nos salva de la realidad del pecado, que siempre se cierne sobre la vida humanaā; asĆ como ārecurrir al perdón de Dios que, en el sacramento de la reconciliación, otorga su amor con mĆ”s fuerza que cualquier pecadoā (n. 67).
15. Catequesis litĆŗrgica
La celebración del sacramento contiene una riqueza divina trascendente, que no debe ser reducida a algunos aspectos meramente humanos como el social, el festivo o el sentimental. Es competencia de los ministros sagrados y de los demĆ”s catequistas abrir las mentes de los contrayentes a estas dimensiones sacramentales y misioneras -trascendentes y fascinantes- que quizĆ”s apenas vislumbran. āLas parejas deben ser iluminadas sobre el extraordinario valor de signo sacramental que va a adquirir su vida conyugal: con el rito nupcial, se convertirĆ”n en un sacramento permanente de Cristo que ama a la Iglesia. Los cónyuges cristianos estĆ”n llamados a convertirse en iconos vivos de Cristo esposo. Es el mismo modo de vivir y relacionarse de los cónyuges el que debe hacer presente al mundo el amor generoso y total con el que Cristo ama a la Iglesia y a toda la humanidad. Pues Ć©ste es el extraordinario testimonio que tantos cónyuges cristianos dan al mundo: su capacidad de entrega recĆproca y entrega a los hijos, su capacidad de fidelidad, de paciencia, de perdón y de compasión son tales que hacen entrever que a la base de su relación hay una fuente sobrenatural, un algo mĆ”s, inexplicable en tĆ©rminos humanos, que alimenta incesantemente su amorā (n. 68).
En todo el proceso de preparación al matrimonio cristiano y, despuĆ©s, en la vida del mismo, se ha de contar con la ayuda divina poderosa y decisiva: āLa conciencia de una nueva efusión del EspĆritu Santo durante el rito nupcial, que, insertĆ”ndose en el dinamismo de la gracia iniciado en el bautismo, da una nueva connotación a la caridad divina infundida en nosotros desde el mismo bautismo y que adquiere ahora los rasgos de la caridad conyugal. Resulta muy oportuno invocar a los santos/beatos casados de nuestro tiempo, que ya han vivido la experiencia de ser esposos y esposas, padres y madres, y tambiĆ©n a los santos intercesores, para realzar la dignidad del estado de vida matrimonial en la comunidad eclesial y ayudarles a comprender la belleza y la fuerza de este sacramento en la economĆa de la salvaciónā (n. 69).
16. Retiro y confesión previos
El documento insiste en una propuesta muy adecuada: āunos dĆas antes del matrimonio, un retiro espiritual de uno o dos dĆas serĆ” muy beneficioso. Aunque esto puede parecer poco realista, dados los numerosos compromisos debidos a la planificación de la boda, hay que decir que es precisamente el ajetreo de las muchas tareas prĆ”cticas relacionadas con la próxima celebración lo que puede distraer a los novios de lo que mĆ”s importa: la celebración del sacramento y el encuentro con el SeƱor que viene a habitar su amor humano llenĆ”ndolo de su amor divino. En el caso de que un verdadero retiro fuese imposible, podrĆa servir de alternativa un tiempo de oración mĆ”s corto (por ejemplo, un encuentro vespertino, como una vigilia de oración)ā (n. 70). āHacer participar a los padres, a los testigos y a los familiares mĆ”s cercanos en un momento de oración antes de la boda, puede resultar una oportunidad muy hermosa para todosā (n. 72).
AƱade otro elemento imprescindible: acudir al sacramento de la penitencia para recibir la gracia del matrimonio del mejor modo posible, limpios de pecado grave y purificados tambiĆ©n de las faltas leves. āEn el perĆodo previo a la boda āen el contexto del mencionado retiro espiritual o vigilia de oración o incluso en otro contextoā la celebración del sacramento de la reconciliación es de gran importanciaā (n. 71). AsĆ podrĆ”n recibir dignamente la sagrada comunión -fuente de todas las bendiciones divinas y presencia de la alianza nupcial de Cristo- en la celebración de la boda.
17. Pastoral de los reciƩn casados
La tercera etapa de este proceso se refiere a los primeros aƱos de la vida matrimonial. En efecto, āel itinerario catecumenal no termina con la celebración del matrimonio. De hecho, mĆ”s que como un acto aislado, debe considerarse como la entrada en un estado permanente, que requiere por tanto una formación permanente especĆfica, hecha de reflexión, diĆ”logo y ayuda de la Iglesia. Para ello, es necesario acompaƱar al menos los primeros aƱos de vida matrimonial y no dejar a los reciĆ©n casados en la soledadā (n. 74).
No es bueno que el matrimonio estĆ© solo, podemos decir remedando la afirmación del SeƱor en el relato de la creación de la mujer. āLos reciĆ©n casados deben ser conscientes de que la celebración del matrimonio es el inicio de un camino, y que la pareja es todavĆa un proyecto abierto, no una obra terminadaā (n. 75). Para ello, āse propondrĆ” a las parejas la continuación del itinerario catecumenal, con encuentros periódicosā (n. 76). En nuestra sociedad, con una mentalidad tan contraria a la verdadera antropologĆa matrimonial, resulta muy necesario que los matrimonios encuentren la compaƱĆa de la comunidad cristiana que refuerce y sostenga las motivaciones de su camino.
Muchas veces ocurre que la atención de los matrimonios jóvenes se centra en la necesidad de ganar dinero y en los hijos, descuidando el empeƱo en la calidad de su relación mutua y olvidando la presencia de Dios en su amor. āMerece la pena ayudar a los matrimonios jóvenes a saber encontrar tiempo para profundizar en su amistad y acoger la gracia de Diosā (n. 77).
18. Vivir el don
El documento recuerda cómo se debe desplegar el significado del sacramento en toda su belleza: āeste es un momento oportuno para una verdadera mistagogĆa matrimonial, es decir, una introducción al misterio. Repasando los distintos momentos del rito nupcial, se podrĆa profundizar en su rico significado simbólico y espiritual y en sus consecuencias concretas en la vida matrimonial: el consentimiento intercambiado (la voluntad de unirse, y no un sentimiento pasajero, en la base del matrimonio, una voluntad que debe fortalecerse siempre); la bendición de los signos que recuerdan el matrimonio, por ejemplo los anillos (la promesa de fidelidad que debe renovarse siempre); la bendición solemne de los cónyuges (la gracia de Dios que desciende sobre la relación humana, la asume y la santifica, a la que hay que estar siempre abiertos); el recuerdo del matrimonio en el seno de la oración eucarĆstica (sumergir siempre el amor conyugal en el misterio pascual de Cristo para revigorizarlo y hacerlo cada vez mĆ”s profundo)ā (n. 77).
En definitiva, con la catequesis matrimonial mistagógica, al igual que con la catequesis bautismal, la invitación que se hace es: Ā”ConvertĆos en lo que sois! Ahora sois un matrimonio, por lo tanto, Ā”vivid cada vez mĆ”s como un matrimonio! El SeƱor ha bendecido y colmado vuestra unión con la gracia, asĆ que Ā”haced fructificar esa gracia!
19. Nuevos temas e intereses
Desde el principio de la vida matrimonial, es importante recibir una ayuda concreta para vivir la relación interpersonal con serenidad. Son muchas las cosas nuevas que hay que aprender: āaceptar la diversidad del otro que se manifiesta de inmediato; no tener expectativas irreales de la vida en comĆŗn y considerarla como un camino de crecimiento; gestionar los conflictos que inevitablemente surgen; conocer las diferentes etapas por las que pasa toda relación de amor; dialogar para buscar un equilibrio entre las necesidades personales y las de la pareja y la familia; adquirir hĆ”bitos cotidianos saludables; establecer una relación adecuada con las familias de origen desde el principio; empezar a cultivar una espiritualidad conyugal compartida (n. 78).
Hay muchos aspectos de la vida conyugal y familiar que pueden ser objeto de diĆ”logo y catequesis en estos aƱos. āEs fundamental, por ejemplo, ilustrar a las parejas sobre el delicado tema de la sexualidad dentro del matrimonio y las cuestiones relacionadas, es decir, la transmisión de la vida y la regulación de los nacimientos, y sobre otras cuestiones morales y bioĆ©ticas. Otro Ć”mbito que no debe olvidarse es el de la educación humana y cristiana de los hijos, que constituye una grave responsabilidad para los padres, y respecto a la cual los matrimonios deben ser sensibilizados y convenientemente formadosā (n. 79). Para los diversos temas de la vida conyugal y familiar, la enseƱanza de la Iglesia pone a disposición de los cónyuges un tesoro de sabidurĆa.
Estos primeros aƱos del matrimonio suponen una āfase de aprendizaje en la que la cercanĆa y las sugerencias concretas de los matrimonios ya maduros, que comparten con los mĆ”s jóvenes lo que han aprendido por el camino, serĆ”n de gran ayudaā (n. 80).
20. Pastoral del vĆnculo y recursos variados
La pastoral matrimonial serĆ” ante todo āuna pastoral del vĆnculo: ayudarĆ” a las parejas, cada vez que se enfrenten a nuevas dificultades, a tener en el corazón, por encima de todo, la defensa y la consolidación de la unión matrimonial, por su propio bien y por el de sus hijosā (n. 81). āEs esencial centrar el camino de la pareja en el encuentro con Cristo: la pareja necesita encontrarse continuamente con Cristo y alimentarse de su presenciaā (n. 82). Ćl es el modelo, la fuente y el sostĆ©n de la fidelidad prometida: sólo con su gracia, en la comunión eclesial, puede afianzarse la comunión del nosotros conyugal.
La atención constante y permanente de la Iglesia hacia los matrimonios puede llevarse a cabo a travĆ©s de diversos medios pastorales: āla escucha de la Palabra de Dios; los encuentros de reflexión sobre temas de actualidad relativos a la vida conyugal y familiar; la participación de los matrimonios en las celebraciones litĆŗrgicas especialmente diseƱadas para ellos; los retiros espirituales periódicos para los matrimonios; la adoración eucarĆstica organizada para los cónyuges; la conversación y el acompaƱamiento espiritual; la participación en grupos familiares para poner en comĆŗn experiencias con otras familias; la participación en actividades caritativas y misioneras. Pues los esposos necesitan desarrollar una verdadera espiritualidad conyugal que alimente y sostenga el camino especĆfico de santidad que recorren en la vida matrimonialā (n. 83).
Esta espiritualidad incluye la co-vocación conyugal, la vida y el compromiso de santidad laical, asĆ como la evangelización de la cultura familiar. A medida que la identidad conyugal se desarrolla, āel sentido de la misión, que fluye del sacramento, puede crecer. Es oportuno invitar a los matrimonios a implicarse en la pastoral familiar ordinaria de sus parroquias o de otras realidades eclesialesā (n. 84).
En sĆntesis, los objetivos del acompaƱamiento en los primeros aƱos de vida matrimonial son: āa) presentar, en una catequesis matrimonial mistagógica, las consecuencias espirituales y existenciales del sacramento celebrado en la vida concreta; b) ayudar a las parejas, desde el principio, a establecer la relación interpersonal de forma correcta; c) profundizar en los temas de la sexualidad en la vida matrimonial, la transmisión de la vida y la educación de los hijos; d) infundir en los matrimonios la firme voluntad de defender el vĆnculo matrimonial en cualquier situación de crisis que se presente; e) proponer el encuentro con Cristo como fuente indispensable de renovación de la gracia matrimonial y adquirir una espiritualidad conyugal; f) recordar el sentido de la misión especĆfica de los matrimonios cristianosā (n. 85).
21. AcompaƱar en situaciones matrimoniales difĆciles
Por Ćŗltimo, se considera el acompaƱamiento eclesial a los matrimonios en situaciones de crisis. āEn la historia de todo matrimonio puede haber momentos en los que la comunión conyugal disminuye y los cónyuges se encuentran con periodos, a veces largos, de sufrimiento, fatiga e incomprensión, pasando por verdaderas crisis conyugales. Forman parte de la historia de las familias: son fases que, si se superan, pueden ayudar a la pareja a ser feliz de una manera nueva, a partir de las posibilidades que abre una nueva etapa, haciendo que madure aĆŗn mĆ”s el vino de la unión. Sin embargo, para evitar que la situación de crisis se agrave hasta convertirse en irremediable, es aconsejable que la parroquia o la comunidad disponga de un servicio pastoral de acompaƱamiento de las parejas en crisisā (n. 87). Los centros de orientación familiar (COF) diocesanos constituyen una referencia clave al respecto.
En efecto, la experiencia demuestra que en situaciones difĆciles o crĆticas la mayorĆa de las personas no acude al acompaƱamiento pastoral, pues quizĆ”s āya que no lo siente comprensivo, cercano, realista, encarnadoā. Por ello, āconviene que āademĆ”s del pastorā sean los cónyuges, especialmente los que han vivido una crisis despuĆ©s de haberla superado, los que se conviertan en acompaƱantes de las parejas en dificultad o ya divididasā (n. 88). āSe trata de garantizar un acompaƱamiento no sólo psicológico, sino tambiĆ©n espiritual, para recuperar, con un camino mistagógico gradual y personalizado y con los sacramentos, el significado profundo del vĆnculo y la conciencia de la presencia de Cristo entre los cónyugesā (n. 90). Estos tutores o mentores de los matrimonios pueden suponer una ayuda decisiva para salvar y santificar especialmente a aquellos que pasan por dificultades.
Se constata que, por desgracia, āhay situaciones en las que la separación es inevitable. En estos casos, un discernimiento particular es indispensable para acompaƱar pastoralmente a los separados, los divorciados, los abandonados. Hay que acoger y valorar especialmente el dolor de quienes han sufrido injustamente la separación, el divorcio o el abandono, o bien, se han visto obligados a romper la convivencia por los maltratos del cónyuge. El perdón por la injusticia sufrida no es fĆ”cil, pero es un camino que la gracia hace posible. De aquĆ la necesidad de una pastoral de la reconciliación y de la mediación, a travĆ©s de centros de escucha especializados que habrĆa que establecer en las diócesisā (n. 93).
Se considera que āhay que alentar a las personas divorciadas que no se han vuelto a casar āque a menudo son testigos de la fidelidad matrimonialā a encontrar en la eucaristĆa el alimento que las sostenga en su estado. La comunidad local y los pastores deben acompaƱar a estas personas con solicitud, sobre todo cuando hay hijos o su situación de pobreza es graveā. (n. 94).
22. Construir la familia sobre roca
En la Conclusión se recuerda que este documento responde al profundo ādeseo de ofrecer a las parejas una mejor y mĆ”s profunda preparación al matrimonio, mediante un itinerario suficientemente amplio, inspirado en el catecumenado bautismal, que les permita recibir una adecuada formación para la vida conyugal cristiana, a partir de una experiencia de fe y de un encuentro con JesĆŗs; que no se limite, por tanto, a unos pocos encuentros próximos a la celebración, sino que les permita percibir el carĆ”cter casi permanente de la pastoral de la vida conyugal que la Iglesia pretende llevar a caboā. Toda la comunidad eclesial ha de implicarse en la misión de acompaƱar a las parejas. En las tareas de formación y actualización se ha de trabajar con sentido de complementariedad y corresponsabilidad.
En este camino de formación integral de ha de emplear āno sólo el mĆ©todo de la catequesis, sino tambiĆ©n el diĆ”logo con las parejas, los encuentros individuales, los momentos litĆŗrgicos de oración y celebración de los sacramentos, los ritos, los retiros y la interacción con toda la comunidad eclesialā. A lo largo de este proceso se ha de tener en cuenta el carĆ”cter kerigmĆ”tico de la propuesta cristiana, es decir, su fuerza, belleza y novedad. El āsacramento del matrimonio se presenta como una buena noticia, es decir, como un don de Dios a las parejas que desean vivir plenamente su amorā. Evitando dicotomĆas, āse mantienen siempre unidos el camino del crecimiento humano y el proceso del crecimiento espiritualā.
La formación de los matrimonios cristianos ha de āinscribirse en la realidad concreta de hoy en dĆa y no ha de temer abordar temas y cuestiones que representan desafĆos sociales y culturalesā, incluyendo la āformación de la conciencia moral personal y a la formulación de un proyecto de vida familiarā.
El acompaƱamiento pastoral ha de ser personalizado, basado sobre todo en el testimonio de los acompaƱantes y de otros matrimonios implicados en el camino. Se trata de conducir en cada caso a un serio discernimiento personal y de pareja, para que la celebración del matrimonio y la vida conyugal sean el fruto de una decisión consciente, libre y alegremente asumida. A la vez que prepara a las parejas para el sacramento del matrimonio, las inicia en la vida eclesial y las ayuda a encontrar en la Iglesia el lugar donde alimentar el vĆnculo matrimonial y donde seguir creciendo a lo largo de la vida en su vocación y servicio a los demĆ”s, desarrollando asĆ plenamente su identidad esponsal y su misión eclesial. AdemĆ”s, hay que prestar especial atención al acompaƱamiento de las parejas casadas en crisis.
Al ofrecer a las nuevas generaciones itinerarios de crecimiento catecumenal con vistas al matrimonio, se responde a una de las necesidades mĆ”s urgentes de la sociedad en nuestros dĆas: acompaƱar a los jóvenes hacia la plena realización de lo que sigue siendo uno de sus mayores āsueƱosā y una de las principales metas que se proponen alcanzar en la vida, que consiste en establecer una relación sólida con la persona amada y construir sobre la base del sacramento un matrimonio santo y evangelizador.